Pacientes trasladados a urgencias afrontan esperas de ocho horas

El Sergas atribuye el desbordamiento al frío, pese a las críticas por falta de médicos


a CORUÑA / la voz

Persiste la saturación en urgencias del Chuac. A pesar del refuerzo del personal y el despliegue del «100 % dos recursos dispoñibles» que el Sergas esgrime para hacer frente a las denuncias que está recibiendo por vía judicial y desde las propias salas de espera, las quejas de los pacientes no cesan -en algunos casos afrontan esperas de ocho horas para ser atendidos- y los números ofrecidos por el hospital confirman el desbordamiento del servicio. El miércoles, tras una jornada de caos que motivó una demanda en el juzgado de los representantes de los trabajadores contra la gerencia por presunta desprotección de los pacientes, el centro atribuyó el desorden al «aumento da patoloxía respiratoria e a descompensación dos pacientes con patoloxías crónicas» por la caída «brusca» de las temperaturas.

La dirección remarcó que en la última semana los ingresos aumentaron un 15 % y que el martes 460 personas, un 35 % más de lo habitual, fueron atendidas en los boxes habilitados. Aquel día, según describieron familiares de enfermos, el caos, las condiciones de espera en los pasillos y la impotencia del personal sanitario empujó a varios trabajadores a aconsejar a las familias que presentaran reclamaciones y, en algún caso, cómo formularlas.

El día siguiente fue «un poco mejor», según un portavoz del hospital, que incidió en la cifra de diagnósticos de gripe, 105, sin precedentes en los últimos años, dijo, y en la actividad registrada a primera hora de la tarde de ayer, «con una sola persona pendiente de que se le asigne cama».

Por la mañana, una trabajadora de una ambulancia del 061 desplazada a un domicilio a petición de la familia de una anciana aquejada de un problema respiratorio derivó el caso al centro de salud de Matogrande.

«Nos dijo que en urgencias tendríamos que esperar entre seis y ocho horas, que mi madre tendría que aguantar todo el tiempo sentada en una silla, porque no hay camillas y ella no se tiene en pie, y aun encima en una sala abarrotada de gérmenes. Una persona de 95 años y débil como está. Luego llamamos al médico de familia para que viniera, como nos dijeron los de la ambulancia, pero todavía no llegó», explicaba María, la hija de la anciana, a la hora de comer.

«O que poida tratarse en atención primaria non debe ir a urxencias, iso sempre é así. A menos que se agrave ou non responda, na casa é mellor», afirma una médica de un centro de salud, que explica cómo repercute la falta de médicos en el colapso de urgencias. Esta mujer, que atiende cada día un cupo de 50 pacientes -lo aconsejable, entiende, son entre 25 y 30-, revela que el Sergas no cubre las vacaciones, los días libres y las bajas de los médicos, sino que son los compañeros los que asumen la carga de trabajo. Muchos enfermos, sabiéndolo, van directamente a urgencias.

El déficit de personal en atención primaria empuja a los pacientes al hospital

La falta de médicos en atención primaria influye en el servicio de urgencias. Una médica con edad suficiente para recordar la ideología que inspiró la construcción del sistema sanitario público «como unha ferramenta de redistribución de riqueza e saúde para todos», desgrana el procedimiento seguido por el Sergas para recolocar a los pacientes de los médicos de baja, vacaciones o moscosos. «Xa non hai sustitutos. Agora o método consiste en endosarlles as cartillas aos médicos que quedan no centro de saúde en tres pasos: o primeiro é bloquear a axenda». El médico no está, luego no hay consulta. «Ao día seguinte ou dous días máis tarde actívase a ‘intersustitución’», un procedimiento que reparte entre los compañeros del especialista ausente su grupo de pacientes.

De consulta en consulta

«Pasamos uns días así e, como acabamos todos máis saturados aínda do que estamos normalmente, cambian a ‘prolongación’», un recurso que el Sergas explota a través de los médicos que están dispuestos a ampliar su jornada laboral en un par de horas para atender a los pacientes de otros. «Entón os enfermos seguen de consulta en consulta e así pasan cousas tan alarmantes como que un enfermo terminal chegue a ir a catro médicos distintos, que nunca o viron, porque o seu non está», relata la médica.

Cuando el médico regresa a su puesto de trabajo a menudo se entera por boca de sus propios pacientes que ante un achaque y con la incertidumbre de no saber quién los atendería acudieron a urgencias o a la Casa del Mar.

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