Dan trabajo en una oenegé al padre sin ayuda de la Administración por 4 euros

«Tengo empleo, me siento agradecido», dice Javier Sánchez, padre de tres hijos, en vilo por una prestación social


Redacción / la voz

«Tengo trabajo. ¡Me han dado trabajo! Yo he trabajado toda mi vida hasta que estalló la crisis y me vi en la calle de un día para otro después de estar en una de las empresas más fuertes de España, que tenía, entre otras cosas, equipo de fútbol de Primera División. He cotizado 20 años a la Seguridad Social, pero llevaba ocho años pidiendo trabajar. Lo he pedido donde he podido», dice emocionado Javier Sánchez, que ha empezado el año con un sueño cumplido. Empleo.

Javier, padre de tres pequeños, dos mellizos de un año y una niña de 2, que pueden quedarse sin una prestación de la Xunta por solo 4 euros, empieza enero con trabajo en la institución benéfica Padre Rubinos, de A Coruña, que ayudó a la familia Sánchez Loureiro desde el día siguiente al que supo «en qué situación estaba» con una compra de alimentos y pañales para sus hijos. El día 2 llegó el pan para mañana, cuando la entidad social hizo a este padre de familia numerosa un contrato para cubrir una plaza en el albergue. Es un contrato temporal, «en período de prueba», explican fuentes de Padre Rubinos, que subrayan que el presidente de la entidad se ha volcado especialmente y ha dado instrucciones para que Javier Sánchez ejerza su derecho al trabajo.

Él hará servicios en el albergue, de cocina o de limpieza, «lo que sea», dice Javier. «Si muestra competencia y responsabilidad, nosotros le vamos a apoyar. Lo que no es normal es que un padre perciba 426 euros para dar a cinco bocas de comer», resaltan desde la oenegé, en alusión a la renta de inserción activa que percibe Javier, subsidio para parados de larga duración mayores de 45 años que se cobra un máximo de 11 meses.

A la espera de la Xunta

Con cinco bocas que alimentar, Javier Sánchez sigue a la espera de una carta de la Xunta. Han pasado ocho meses desde la solicitud de una prestación por hijo a cargo que hizo su mujer, Pilar Loureiro, y de la que, en principio, no serían beneficiarios por incumplir un requisito, no haber presentado declaración de la renta en el 2015. Ellos debieron hacerlo por rebasar el tope de ingresos en 4 euros por un piso embargado a Javier hace años, del que ya está «limpio».

La solidaridad ha atendido las necesidades de su familia. «Estoy agradecido a los profesionales que trabajan en Padre Rubinos, que me han abierto las puertas y me han tratado de lujo. Me siento afortunado, y agradecido a ellos y a todas las personas que nos han ayudado. Tener buen corazón tendría que ser una enfermedad contagiosa», sostiene este hombre que cierra no un año, sino los ocho transcurridos desde que está sin trabajo. Fue en el 2009 cuando se quedó en paro, con el lastre de un piso «que ya no podía pagar», el inmueble por el que se hipotecó y hoy le impide el derecho a una ayuda social.

Javier, que entonces vivía en Murcia, conoció a Pilar, coruñesa, hace tres años a través de una red social. «Empezamos a hablar y nos enamoramos. Un día vino a verme a Murcia y ya nos volvimos juntos en coche», recuerda. Al poco nació Vida. «Yo tenía el sueño de tener una hija, y Pilar me la dio», dice. Y sin buscarlo, mientras Pilar daba el pecho a la niña, «llegaron dos chicos», los mellizos Francisco y Javier, que tienen a Vida de maestra y la vida por delante.

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