El otro día uno de mis hijos me preguntó si Papá Noel compraba en Amazon y entendí enseguida que, además del interés por algún regalo en concreto, su perspectiva de la Navidad se había ampliado con respecto a la mía cuando era niña. Su Papá Noel compra en Amazon, estoy segura, y el mío debió de entrar en el Bazar de Pepe, en Porvén, en El Pote y en Bambuco, a por ese último disco de Michael Jackson que se me ocurrió pedir en el último momento. A saber la de veces que nos hemos quedado clavados en esos escaparates que ya no están o que, como ahora hemos sabido, en el caso del Bazar de Pepe, están a punto de cerrar. Da cierta cosa imaginarse sin ellos, después de tanto tiempo enmarcándonos en cada paseo y en el trasiego navideño. Sin embargo, de alguna manera seguirán en nuestra memoria y los continuaremos nombrando con la naturalidad de nuestro código interno. Ya pueden poner un Starbucks o ampliar el Tiger, que un coruñés al uso seguirá diciendo que va a tomar un café «donde estaba el Bazar de Pepe» con la seguridad de que le van a entender. Es la primera prueba de que uno conoce los tics de esta ciudad que va cambiando y sumando nuevas tradiciones, también en Navidad.

De las últimas para aplaudir, y que no había desde luego cuando yo era pequeña, está la de completar el paseo de la fama, ese recuerdo vivo que suma la exposición de fotografías de mis compañeros en Un año de Voz, que está instalada en el Cantón. No creo que haya un solo coruñés al que no le entre el orgullo de mirarse en ellas, de sentirse parte de esos instantes que nos unen en todo lo que nos ha pasado en doce meses y en el pasado anterior que recogió Alberto Martí. Una se queda clavada en el blanco y negro de La Solana y, sin quererlo, se ve delante del trampolín gigante que luego desapareció y que resonaba cuando algún atrevido comenzaba a saltar antes de lanzarse al agua. Mi memoria aún cruje al recordarlo. Igual que el cine Avenida (un día habrá que destapar ese edificio, por Dios), que se ve en una imagen con Luis Suárez como protagonista con su Mercedes. Hay tantas y tan maravillosas, de entonces y ahora, que es imposible no pararse una por una: en esa en que se ve a cinco gemelos en una clase, o en la que está el rey Baltasar chocando las cinco de la ilusión... Los coruñeses estamos ahí, no hay mejor crónica de lo que somos que esa, la misma que nos lleva a repasar nuestras fotos en casa y que todos compartimos a una. Yo tengo una en los caballitos del jardín; en la fuente de los peces con mi abuela; en la playa del Orzán con mis amigas; en La Solana, aquel verano en que solo nos poníamos crema de zanahoria; en Riazor, con la bufanda en alto; en San Juan, ardiendo en la hoguera; con mis hijos en su primera cabalgata…

No se pierdan Un año de Voz, es nuestra Coruña y estamos todos en ella, en otra Navidad para enmarcar… como aquellas del Bazar de Pepe.

Por sandra faginas coruñesas

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Otra Navidad para enmarcar