Coruñeses, hay que echarle bolas


Si hay alguien ahora mismo que lea esta crónica desde la Estación Espacial Internacional quiero pedirle un favor. Un sencillo favor, a ver si es posible y se asoma a su gran ventana y nos hace una foto desde lo alto. ¿No nos ve? ¿Aquí? Somos los coruñeses, los de la bola enorme, los de la Estrella de la Muerte, los de la bola de la Marina que vienen a vernos desde Barcelona. Tiene que ser un espectáculo observarnos desde lo más alto iluminados, elevados a otra dimensión galáctica. Tal vez el dron de los de Google Maps nos pueda dar una idea de si de noche, con la bola a todo meter, el faro de la Torre queda reducido a un simple puntito de luz, a una bombillita más de otra Navidad en la que se nos ha ido el foco. Aunque, bien visto, creo que si nuestros amigos de la Estación Espacial apuntan bien con su objetivo se van a encontrar estas fiestas con un planeta tomado por extraterrestres que han dejado un gran bolón cada 100 kilómetros, en una competición por ver quién la tiene más grande. Y ahí, hay que decirlo bien claro, los de Vigo nos ganan. Qué pelotas tienen. Qué poderío, qué Navidad la suya, qué derroche de vatios, qué potencia mundial en lucecitas. Y eso que hubo un tiempo en que los coruñeses creíamos que íbamos por delante en imaginación festeira, pero ahora, amigos, hay bolas gigantes en cada pueblo, desde San Pedro de Alcántara a Puente Genil, y lo que nos parecía un prodigio único ha pasado a ser un adorno más, convertido en tradición selfi. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados? ¿Vamos a dejar que Vigo nos supere en espíritu? Vosotros, coruñeses, que patináis en pistas de hielo ¿vais a dejar que otros tengan más luces?

 Porque, a ver, contando que dos de las guirnaldas de la Marina están fundidas, que los jardines de Méndez Núñez están igual de oscuros que siempre, que el árbol del Obelisco no es un prodigio de tamaño ni de fosforescencia, quitada la bola, a nuestra Navidad le queda mucho por encender. Si queremos lucir como Saks en la Quinta Avenida, o aproximarnos a Dyker Heights, con todas las casas que «botan lume por fóra», esto tiene que ir por barrios, como el San Juan, y entregarnos a la competición de verdad. Si Oza se pone las pilas, y si Monte Alto y Labañou se enchufan, a poco que los demás se animen, Coruña se sale del mapa y entonces nos verán bien desde la Estación Espacial. Brillando con luz propia, con más chispa que los de Vigo y los de Manhattan, imbuidos por este espíritu luminoso que ha calado tanto. Antes que nuestros padres nos decían eso de «No somos de Fenosa» y mira dónde hemos acabado, pidiendo más bombillas en el chino de la esquina, transformándonos en creativos diseñadores de ventanales, en electricistas de la Navidad. Ese es el auténtico espíritu navideño de hoy. Queremos lucir más, decorarnos más, deslumbrarnos más. Coruñeses, no sé a qué esperamos, hágase la luz.

Por Sandra Faginas Coruñesas

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