Trece de agosto ¡revolución!

En agosto del año 1917 aconteció la primera huelga general revolucionaria en España


«Trece de agosto». Esa era la consigna. Había censura y las comunicaciones estaban intervenidas, pero la UGT burló la vigilancia. Desde Madrid, en la noche del 12, envió un telegrama a todas sus sociedades obreras ordenando la huelga general. Dichos telegramas circularon libremente porque estaban redactados de tal manera que no levantaron sospechas: entre palabras de aliento y de ayuda se mencionaba escuetamente esa fecha sin ninguna otra indicación. Fue suficiente.

El paro fue completo

En la mañana del lunes 13 de agosto de 1917 en A Coruña el paro fue completo. Holgaron ferroviarios, cigarreras, tranviarios, tipógrafos, canteros, carpinteros y trabajadores de todos los talleres de la ciudad, de la fábrica de gas y del puerto. También lo hicieron los obreros de casi todos los servicios municipales: barrenderos, jardineros, matarifes, carreteros, bomberos, ujieres, peones funerarios y hasta los enterradores, que pararon por turnos. No lo hicieron los panaderos, enfermeros, camareros de cafés y restaurantes, dependientes de comercio y de farmacia, las barberías, dulcerías y sastrerías.

El puerto también quedó paralizado, los transportes no se movieron, no se publicaron los periódicos y también dejaron de funcionar los servicios municipales. Además, grupos de mujeres y niños situados en las afueras de A Coruña, en Oleiros, Sigrás (Cambre) y Arteixo obligaban a retroceder a todas aquellas personas que intentaban entrar en la ciudad con productos para vender en los mercados.

La huelga era política: la primera huelga general revolucionaria en España. Su objetivo era derribar la monarquía conservadora de Alfonso XIII y lograr su sustitución por un gobierno provisional que celebrase elecciones libres a Cortes constituyentes. Además, la huelga debía ser pacífica. Así lo decía el manifiesto publicado por la UGT y el PSOE y que estaba firmado por Francisco Largo Caballero, Daniel Anguiano, Julián Besteiro y Andrés Saborit. Ellos fueron la cabeza visible, formando el comité de huelga. Sin embargo, en la sombra había más.

Solo conocemos detalles ya que la censura impidió su divulgación. Desde el 16 de junio, los socialistas estaban conjuntando fuerzas con los republicanos y, desde el 19 de julio, existía la asamblea de parlamentarios de Barcelona. Contando con su apoyo se pretendía proclamar la república y formar un gobierno con republicanos, entre ellos Alejandro Lerroux, Melquiades Álvarez y Marcelino Domingo, y representantes de la clase obrera. También se esperaba conseguir la complicidad e inhibición de los militares, pues ya habían manifestado su disgusto con el sistema por medio de sus Juntas de Defensa. La victoria parecía posible.

Patrullas policiales

Sin embargo, el Gobierno y las autoridades locales estaban preparados para contener un posible revolución. En A Coruña, desde primera hora de la mañana, parejas de la Guardia Civil y de la policía patrullan por la calles, requisan las armas de las armerías, prohíben la venta de bencina y la salida de coches sin autorización. A las tres de la tarde el gobernador civil resigna el mando en el capitán general Antero Rubín. Una hora después proclamó el estado de guerra y la ley marcial. Continuará.

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