Una vecina de Eirís que vive con 40 gatos pide que alguien se ocupe de ellos

La mujer, que está enferma y con problemas de movilidad, espera que una persona o una institución se haga cargo de los animales para poder ingresar en una residencia


a coruña / la voz

Cualquiera que vea cómo y dónde vive esta mujer, jamás creería que está frente a «la persona más amada del mundo». Porque «nadie tiene tantas almas que lo quieran a uno como estos animalitos me quieren a mí». Luisa es la vecina del número 87 de la calle Eirís de Arriba. Tiene 67 años, una operación en las vértebras, varias enfermedades y camina a duras penas por su casa con decenas de gatos jugando entre sus piernas. Ella dice que serán unos 40. Explica que hace poco intentó contarlos, pero «como no paran de moverse, tuve que empezar a contar desde cero no sé cuántas veces».

Los amores de Luisa son un dolor de cabeza para sus vecinos, que se vienen quejando durante meses de la presencia de gatos por todas partes. Se cuelan en las casas, hacen sus necesidades donde les place, se cuelan en el colegio Internacional Eirís... Están hartos. Eso sí, nadie encontrará una persona en el barrio que hable mal de Luisa. «En el trato, es una gran señora. Sería la mejor vecina si no fuera por la manía que tiene de vivir rodeada de animales», comentaba ayer una residente de la misma calle.

Luisa no es verla hoy. Luisa es una mujer de mundo. Enfermera de profesión, vivió en Londres y trabajó en varias localidades de Cataluña en diferentes hospitales, que se la rifaban. En A Coruña tenía varias casas en propiedad, que fue vendiendo, y hasta fue una de las afectadas por el polígono del Ofimático, donde poseía un gran terreno. «Todo se fue perdiendo», dice. Los reveses de la vida la llevaron hace unos años a residir en una vieja casa de dos plantas en Eirís. La habían operado de las vértebras y una buena amiga le regaló una gatita para que le hiciese compañía. «Yo antes era una persona que no tenía apego por los animales. Cuando iba por la calle y veía a una señora hablar con su perro, no lo entendía. Es más, cuando me dieron la gata, al principio lo vi más como un problema que como un regalo. Pero comencé a cogerle cariño y me volví loca de amor con ella». Fue cuando le cogió «un cariño enorme a los gatos», y a partir de ahí, cualquiera que veía cerca de casa, le daba de comer. Hasta que el felino se sentía como un rey en casa de Luisa y se quedaba a vivir. «Les doy mucho cariño, les pongo la comida, les hablo...», dice. Así fue como convirtió su vivienda en un refugio de gatos. Para su felicidad y el desvelo de sus vecinos, quienes han puesto la situación en manos del Ayuntamiento varias veces.

«Los animales se hicieron dueños de la calle», comentaba ayer el empleado de un negocio cercano. «Hay gatos por todas partes. A mí no me molestan, pero los que viven allí están cansados de recoger excrementos», añade.

Por si no llegase con los cuidados que les brinda Luisa, hay otra persona que también acude a una casa en ruinas pegada a la de esta mujer que todos los días les deja un cuenco con agua y comida para animales. «Viven como marqueses, mucho mejor que yo», cuenta con gracia un residente de la zona.

Dolencias

Luisa les daría ese trato toda su vida, pero no puede. Cuenta que es mucho el dolor que tiene en la espalda, con continuas inyecciones de morfina. Necesita ya unos cuidados que nadie le da y piensa irse a una residencia. «Sé que eso va lento, por lo que tal vez me vaya a vivir con una amiga a la zona de Carballo mientras no me concedan una habitación en un centro», cuenta. Pero ese día nunca llegará si nadie se hace cargo de sus animales. Por eso lanza un grito de socorro. No para ella, sino para los gatos. «Necesito que una institución, una protectora o cualquier persona que le gusten estos bichitos se ocupe de ellos para poder irme tranquila a una residencia», explica. Mientras, ahí seguirá, peleando con los dolores de tener que subir y bajar las escaleras de su casa. Solo la compañía de los felinos la consuela.

Medio Ambiente inició un plan para controlar y esterilizar las colonias felinas

Hay colonias de gatos por todos los barrios de la ciudad. Llaman la atención y son un problema las de Oza, Parque Europa, dique de abrigo, Adormideras, Ventorrillo o estación de San Cristóbal, entre otras muchas. Se ve a diario como personas les dan de comer y beber, algo que está prohibido y provoca la multiplicación de gatos por toda la ciudad.

¿Qué hace el Ayuntamiento para evitar la sobrepoblación de gatos en las calles? Pues capturarlos, esterilizarlos y devolverlos a su colonia original o recolocarlos en otro espacio. Es el plan que viene desarrollando el gobierno local. Concretamente, su concejalía de Medio Ambiente, que hace dos meses amplió el control de esas concentraciones felinas a más barrios tras la actuación del último año en el Barrio de las Flores. Lo que pretende el Ayuntamiento es «contabilizar o número de animais libres na cidade, mellorar as condicións de vida dos gatos e controlar a súa alimentación coa construción de casetas-comedeiros», según fuentes municipales.

La concejalía de Medio Ambiente defiende que el control de su reproducción es necesario. El Ayuntamiento proporcionará a las entidades jaulas-trampa para recoger a los gatos, que son trasladados a un veterinario antes de volver de nuevo a la calle. Además, se quiere evitar que los gatos sean alimentados por vecinos, por lo que se instalarán casetas a las que solo podrán acceder los voluntarios de las asociaciones animalistas. Los gatos serán alimentados todos los días en el mismo horario y la comida no podrá permanecer en los comederos más de dos horas.

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