Barreras que hacen la ciudad inaccesible

Los servicios y las infraestructuras tendrán que ser plenamente adaptadas por ley el 4 de diciembre

FRAN CARREIRA, ARQUITECTO EN SILLA DE RUEDAS POR LOS PUNTOS MÁS CONFLICTIVOS DE LA CIUDAD EN MATERIA DE ACCESIBILIDAD. BARRERAS ARQUITECTÓNICAS. MOVILIDAD REDUCIDA.
FRAN CARREIRA, ARQUITECTO EN SILLA DE RUEDAS POR LOS PUNTOS MÁS CONFLICTIVOS DE LA CIUDAD EN MATERIA DE ACCESIBILIDAD. BARRERAS ARQUITECTÓNICAS. MOVILIDAD REDUCIDA.

A Coruña / La VOz

Cuando una persona sufre una lesión o padece una enfermedad que la marcará quizá el resto de su vida tiene que hacer frente a un largo proceso de adaptación. Debe adaptar su casa y su vehículo. Se adapta a los medicamentos que tiene que tomar y a nuevos ejercicios físicos. También se adaptan sus familiares y amigos para poder mantener la relación. Adaptarse con el fin de ser independiente. Pero, ¿qué ocurre si es el resto de la ciudad la que no está adaptada?

«Vas a calquera sitio que figura na lista de lugares accesibles e atopas que non é así. O encargado di: ‘Tranquilo, axudámoste’. Pero eu non quero que ninguén teña que axudarme». Fran Carreira padece una lesión medular desde hace tres años y medio. Tiene que desplazarse en silla de ruedas por la ciudad, encontrándose numerosas barreras que, sobre el papel, tienen los días contados.

La Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad fija el 4 de diciembre del 2017 como fecha límite para que «todos los productos, bienes, entornos y servicios sean accesibles» para todos. No lo son. La inacción durante estos años de las distintas Administraciones condenan a personas como Fran Carreira a tener que lidiar a diario con numerosos «despropósitos urbanos».

Centros de SAlud

Plazas a desmano. Fran Carreira es arquitecto de profesión. Está incapacitado para trabajar y, actualmente, es voluntario en asociaciones como Grupo de Personas con Discapacidad de A Coruña (Grumico). Ha elaborado un estudio sobre los centros de salud y hospitales de la ciudad y sus carencias en materia de accesibilidad.

«Hai exemplos como o do centro de Novo Mesoiro, do que son usuario, que é de recente construción», señala. La plaza de aparcamiento reservada se encuentra en la calle, con una pronunciada pendiente. Fran tiene que desplazarse con su silla hasta el paso de peatones más próximo para, posteriormente, tener que subir la cuesta. «É imposible. Teño que vir acompañado. Todo por non facer prazas máis próximas á entrada», afirma Carreira.

También lamenta las carencias de los hospitales, sin baños adaptados en muchos casos o con «rampas suicidas», como en el Abente y Lago.

Pasos de cebra

Más obstáculos que antes. Los trabajos de saneamiento de la calle Santa Catalina no han servido para que se rebaje el desnivel entre la acera y la carretera en el paso de cebra que la cruza. «Formo parte do grupo Acceso Coruña, con xente de distintas asociacións. Na teoría, o Concello debería pedirnos consello para que os novos traballos urbanísticos sexan accesibles. Pero, como evidencia esta rúa, non se fai», lamenta Fran Carreira.

Plazas de aparcamiento

Una cada cuarenta. Carreira conduce un vehículo adaptado. En la ciudad, una de cada 40 plazas de aparcamiento debe estar destinada a personas con tarjeta de minusválido. «Non se cumpre esa ratio. Son poucas prazas e mídense de maneira desigual. O normal sería adxudicar os espazos por rúa, pero no centro hai tres prazas no Obelisco, unha na igrexa castrense e outra na praza de Pontevedra. Hai rúas nas que hai moito máis espazo para motos que para persoas con mobilidade reducida, e iso que A Coruña non é unha cidade na que se use moito ese medio», explica Fran.

Además de no cumplirse las ratios, muchas plazas tampoco tienen las medidas adecuadas. «A norma di que unha praza ten que ter espazo para poder poñer a cadeira de rodas sen necesidade de subila á beirarrúa», explica el arquitecto, cuya plaza habitual no cumple dichos cánones.

En teoría, si no se cumplen las ratios, no es necesario pagar la ORA, pero en A Coruña se multa igual. «Non estou a falar de privilexios, nin de que me deixen aparcar na praza de Lugo gratis. Falo de ter as mesmas oportunidades que o resto», lamenta.

En caso de no encontrar sitio en la calle, tendría que recurrir a un párking subterráneo. Él ya sabe de memoria cuáles están adaptados. «Hay aparcamientos como el del Obelisco o el paseo marítimo que ni siquiera tienen una rampa. Por suerte, los que van surgiendo sí están equipados», afirma.

Edificios y negocios

Dicen que sí, pero no. «Unha inversión en accesibilidade é para o ben común, para que todas as persoas podan usar un espazo», señala Fran Carreira. En la ciudad hay numerosos edificios sin entradas adaptadas o sin la señalización oportuna. Es el caso del Kiosco Alfonso o la Fundación Barrié de la Maza, donde no hay ningún letrero que indique la entrada para personas en silla de ruedas. En el primero, además, «entras pola porta de atrás». Tampoco los hoteles cumplen correctamente la normativa. «Nalgún tes que chamar á recepción para que baixen a activar a rampla», cuenta Carreira.

En los cajeros bancarios la situación es surrealista. En teoría, están adaptados, pero «non se ten en conta o espazo que ocupa a cadeira de rodas e é imposible meter a tarxeta de fronte». Carreira también lamenta las deficiencias de muchos locales de hostelería y ocio: «Incluso os máis recentes non están adaptados». Además, otros entretenimientos como el teatro o el cine «reservan sitios só na primeira ou na última fila».

Él lo tiene claro: «Ás veces parece que é un capricho. Queremos estar na rúa e facer a vida más independentemente posible. Hai que crear conciencia».

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