«La actuación de una mujer que cerró las puertas de emergencia fue decisiva»

Los bomberos explican la rápida actuación en el número 20 de Francisco Catoira

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A Coruña / La Voz

En apenas una hora las llamas que calcinaron casi por completo el 6.º B del número 20 de la calle Francisco Catoira estaban apagadas y el tráfico, restablecido en la ronda de Outeiro, que fue cortada por completo. Una actuación «impecable», como calificaron varios vecinos, de los Bomberos de A Coruña fue la responsable de que todo quedase en «un gran susto, pero nada más».

Detrás de los trabajos para extinguir el fuego hay un procedimiento que los ocho profesionales repartidos en dos vehículos que acudieron ayer hasta la ronda de Outeiro se sabían de memoria. Cada uno tenía su papel y supo interpretarlo a la perfección. ¿Cómo es exactamente el procedimiento? «Lo ideal, en un caso de estas características, es extinguir el fuego desde dentro y contener las llamas por fuera», resume el cabo José Luis Costoya.

Eran casi las nueve de la mañana cuando los vecinos del edificio se percataron del humo que avanzaba por las escaleras interiores. El fuego, que se originó en la habitación del piso, permaneció activo «bastante tiempo». «El dormitorio ardió por completo. Cuando llegamos ya salían las llamas por la fachada. Se generó bastante temperatura y se produjo una combustión de todos los materiales de la estancia», cuenta el cabo. Además, el resto de la vivienda también sufrió el efecto de las llamas, tal y como los bomberos y policías indicaban a los propietarios -en la casa estaba el inquilino cuando se produjo el fuego-. «La temperatura derritió los focos y la instalación eléctrica. La escayola del techo se rompió por completo», afirma José Luis Costoya.

«En un primer momento entramos por las escaleras hasta el piso. Comenzamos la extinción desde el interior, mientras nuestros compañeros subían con la grúa para evitar que el fuego se propagase a las viviendas superiores a través de la fachada. Es lo que se hace en este tipo de casos», señala el cabo. La temperatura también provocó la rotura de los cristales de las ventanas, que se acumulaban en la acera bajo el edificio.

Finalmente, fueron dos las personas que tuvieron que ser hospitalizadas. Uno fue el propio inquilino, que «trató de apagar las llamas por sí solo», comentaron los presentes, «algo que no se debe hacer». También recibió asistencia en el Chuac una propietaria que vive en el octavo piso. «La actuación de esta mujer, que cerró las puertas de emergencia mientras bajaba las escaleras, fue clave para que el fuego no avanzase», señala el sargento José Villar.

Balance y cortes de tráfico

El balance de daños se saldó con la vivienda donde se originó el fuego calcinada, el 7.º B, que fue alcanzado por las llamas a través de la fachada; y el 5.º B, con problemas de agua y filtraciones. A la espera de que se saquen conclusiones definitivas tras la investigación abierta, el sargento José Villar afirmó que el foco del incendio se encontraba en el dormitorio, concretamente en el colchón.

Para permitir a los vehículos de los bomberos el mejor acceso hasta el piso que ardía, a través de la fachada, fue necesario cortar los dos carriles de circulación de la ronda de Outeiro en sentido salida ciudad. La Policía Local preparó un operativo que evitó grandes retenciones en la zona. En sentido Los Rosales tuvieron que coordinar el flujo de vehículos, dando más tiempo para avanzar a quienes circulaban por la ronda y limitando las incorporaciones desde las calles secundarias. Pese a todo, la fila de automóviles llegaba hasta el acceso desde Alfonso Molina por momentos. En sentido salida ciudad, el tráfico se restableció por completo pasadas las 10 de la mañana. Según los agentes presentes, fue necesario asegurar totalmente la zona para que ningún objeto se desprendiese de la fachada y pudiese impactar con los vehículos. «No hubo muchas complicaciones», resolvió un agente.

«Me desperté con el ruido de las sirenas»

Afortunadamente, todo quedó en un susto. Los vecinos evacuaron rápidamente el edificio al comprobar la gravedad de la situación.

«Estaba dormida. Me desperté con el ruido de las sirenas. Miré por la ventana y me encontré con los bomberos subiendo con la grúa», cuenta una joven. Como ella, muchos residentes en el edificio esperaban en la calle a que los bomberos concluyesen los trabajos en el interior.

La principal preocupación de muchos propietarios fueron sus mascotas. «Lo primero que hice fue coger a la perra», afirma otro. «Pues yo dejé al mío durmiendo en el sofá y, cuando nos dejaron subir, allí seguía», señala un vecino. «Lo más importante es que no hay heridos, el resto de cosas se pueden reponer», señalaba la vecina del 5.º, piso afectado por el agua, que se filtró por el suelo.

Cuando los bomberos y la Policía Local autorizaron a los vecinos a subir a evaluar posibles daños, hubo quien rehusó esta opción: «Eu quedo abaixo», dijo una mujer mayor, todavía asustada. También se hacían cábalas sobre el origen del fuego: «Dicen que fue una colilla mal apagada».

Los más afectados eran los propietarios de la vivienda, que fueron informados de lo ocurrido por los bomberos.

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«La actuación de una mujer que cerró las puertas de emergencia fue decisiva»