En el arte de hacer improbable lo posible son avezados expertos muchos políticos, y este es un axioma casi infalible si hablamos de proyectos de obra pública que competen a Administraciones de diferente color. Pasan los meses entre golpes bajos y trastos a la cabeza, y A Pasaxe, que clama a gritos por una ampliación, mantiene su incómodo distintivo de tapón de la ciudad; pasan los años, y la reforma de Alfonso Molina se diluye en un desencuentro de carriles, sendas, pasarelas, paradas del bus y pasos de reptiles que minan el proceso.

Sobre demora de proyectos nos regala la historia auténticas joyas. Ahí está el canal de Corinto, planificado en el siglo VII antes de Cristo, impulsado por el emperador Nerón, que dio la primera palada en el siglo I de nuestra era, e inaugurado con algarabía pirotécnica en 1893 para separar por fin el Peloponeso del resto de Grecia.

Nuestro canal de Corinto bien podría ser el parque Ofimático. En la niebla de los tiempos se pierde el recuerdo de su puesta en marcha. Jugaba Maradona. Es tal el cúmulo de cambios que acumula el proyecto, que hoy suenan un poco a chiste -si no fuera por el drama de los afectados- algunos motivos que aún lo frenan, como la falta de conexión eléctrica desde la subestación de Eirís.

También la intermodal va camino de Corinto, al meter en la nevera del tiempo una moderna estación para trenes y buses que se empieza a ejecutar ya en las principales ciudades de Galicia. La demora relega a los coruñeses al vagón de cola del AVE.

Los proyectos se reciben, se alteran y se le lanzan al adversario aguardando a que este devuelva la pelota con efecto… Y mientras, los ciudadanos sueñan con políticos que piensen en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. La estación, uno de los escasos planes de envergadura que tenemos en el horizonte es hoy un pueril intercambio de cartas entre Administraciones que no hace sino dilatar su construcción. Si hay diferencias de criterio en los proyectos, que sean los técnicos los que se sienten a hablar. Seguro que no tardarían en ponerse de acuerdo.

La otra alternativa es hacer de cada solución un problema, como en la recién inaugurada Fábrica de Tabacos, donde el gobierno local mantiene a ladrillo visto su zona del edificio por discrepancias con la Xunta. En cuanto al puerto, ¿gestionamos los muelles con un consorcio, con una sociedad pública...? Otro Corinto a la vista.

¿Y cuánto durarán todas estas desavenencias? Bueno… La obra pública se rige a veces por reglas casi matemáticas. Por ejemplo: la incapacidad de los políticos para negociar un proyecto es inversamente proporcional al repentino arranque de las obras en campaña electoral. Habrá municipales en año y medio, y ahí lo dejo.

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El arte de hacer improbable lo posible