«Abarrote en el Parrote»


No podemos vivir sin Coruña, no hay manera... Y a nada que comenzamos a hablar se nos nota en el acento, en esos dejes abiertos como el Orzán, y en la cantidad de expresiones que sin ser conscientes hemos ido heredando en nuestra casa. De tal manera que sin saber cómo de repente nos observamos hablando con giros que ya utilizaban nuestros abuelos en esta misma Coruña. Yo hay veces que no sé si algunas construcciones que uso se dicen solo en mi familia, si los vecinos de enfrente también las emplean o si más allá del puente de A Pasaxe tienen sentido. Sin embargo, otras tengo la certeza de que esas referencias que nos salen por la boca nos unen como coruñeses. ¿Quién no ha dicho en alguna ocasión eso de «abarrote en el Parrote»? Es una expresión todavía muy viva, y no porque los adolescentes lo llenen todos los fines de semana ni porque los cruceristas se paseen por allí continuamente. Que también. Pero la rima fácil ha servido para que perviva esta frase con la fuerza con la que arrancó. Su origen, según apuntaba el historiador Carlos Fernández en un magnífico artículo de Rubén Ventureira hace años, está vinculado a la playa del Parrote, donde está La Solana, que se llenaba enseguida cuando subía la marea. Y ahí se ha quedado para que cuando uno la suelte enseguida se le reconozca el coruñés que esconde. Exactamente igual que cuando la madre de mi amiga Lorena dice «Voy a coger el trole» cuarenta años después de que haya desaparecido. El trole es tan coruñés como «Un corre que te cagas y una levita para subir el monte de Santa Margarita». ¿Quieren más?

Mi abuelo cada vez que nos poníamos a debatir en la sobremesa soltaba eso de «Falou Chacón» para evidenciar con ironía que alguno no tenía ni idea del tema. Tuvieron que pasar años, pero años, hasta que supe que Severino Chacón había sido un popular sindicalista que llegó a afiliar al 90 % de los trabajadores de la fábrica de tabacos. «Falou Chacón. Ben falado!». Otra de las frases míticas nos pertenece a la generación que en los años ochenta sufríamos que nos dieran el palo cada fin de semana. «¿Tienes cinco duros? -No, no llevo nada -¿Ti miro yo?»... El «Ti miro yo» agitanao se nos ha quedado pegado como esas otras coletillas que nos suenan bien, que para algo nos quedamos primero con la forma: «¡Vaiche boa, Vilaboa!», «¡Amigo de Vigo!»... De fondo hay mucho juego, y mejor que no entremos a discutir lo que se quiere decir («Eres más estrecha que la de San Andrés»)... ¡Anda! En Coruña, no sé en otras partes, siempre «hace un pelete que flipas», «le tenemos pía a alguien» y cuando uno no se empana le decimos eso de «¿estás Liló?». Que, vale, ya nos queda un poco lejos, pero esos fantasmas lingüísticos pueden volver de repente y sacarnos el coruñés que llevamos dentro. «¿Junas o no junas?».

Por sandra faginas coruñesas

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