Los de Washington que nunca estuvieron en Washington

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La calle Washington es entrañable. Debería estar en la Zapateira, donde se encuentran sus rúas-colegas con nombres de ciudades. Por ejemplo la avenida Nueva York. Pero no. Está situada en una zona donde no hay otras capitales mundiales. Sí Ángel Rebollo, avenida de Hércules, o sus paralelas, Vila de Carral o la ronda de Monte Alto. Estrecha y con bastante pendiente, nada tiene que ver con la capital de Estados Unidos. Pues a esta singularidad del callejero están unidas las personas de la imagen. «Jugábamos aquí cuando éramos niños. Estaba sin asfaltar, era toda de tierra. De media en media hora teníamos que parar porque venía un coche», recuerda Paco Miguélez, que vivía en el número 7. Me habla del color rojo del mar provocado por la sangre del matadero, de las rocas de las Amorosas, o de aquel día que se encontró con un antiguo vecino y decidieron organizar la comida de los que algún día crecieron en la calle Washington. «Todavía en estos tiempos que corren a la gente le cuesta escribir bien el nombre», apunta sonriente. Era chavalas y chavales de una Coruña en blanco y negro y ahora son coruñeses con buena memoria y gran sentido de la amistad. Se fueron a celebrarlo al Club del Mar y aproveché para preguntarle a Paco si alguna vez había ido de viaje a la ciudad del Capitolio. «No. Algunos del grupo tienen buena posición, pero no creo que hayan viajado hasta allá», comenta. Y posiblemente muchos coruñeses jamás hayan pasado por esta calle, que arranca o acaba, según se vea, detrás de la Domus. Hace años recuerdo haberme manchado la camisa con una berenjena de Tomelloso a la que me habían invitado en la sede social de la casa de Castilla La Mancha. Aquel día comprendí el verdadero sentido de lo de Mancha.

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