Ha sido una de las noticias de la semana. A un piloto de Vueling que se dispone a despegar desde Alvedro se le recalienta un motor del avión como se recalentaban antiguamente los coches al subir la Costa do Sal, que había que parar en la mitad a enfriar el radiador. El comandante dice que en aquel trasto no vuela ni loco y se va a tomar un cortado a la cafetería de la terminal. Allí departe con los viajeros, que hacen corro a su alrededor, ofrece las explicaciones que le piden y, en síntesis, cuenta que no está dispuesto a poner en peligro la vida de todos ellos ni la de su propia familia, que iba también en el vuelo a Barcelona.

Hay que ver qué mal acostumbrados estamos. Es impresionante la manera en que nos hemos amoldado a la gélida realidad de los aeropuertos y a la desinformación de las compañías. Estamos tan habituados a que nos ignoren que nos asombra que un responsable de la aerolínea haga algo tan normal como contar qué sucede y por qué no es posible volar.

¿Cómo sería el procedimiento habitual? Bueno, pues los pasajeros serían desalojados del avión sin más explicaciones y, ya en la terminal, un frío mensaje de altavoz confirmaría la cancelación «por motivos técnicos». En el mostrador de reclamaciones aludirían también a esos «motivos técnicos», que, técnicamente, jamás se conocerían. Ha llegado a tal punto la opacidad de las compañías que nos parece de otro planeta el piloto que cuenta que un motor se ha recalentado y que no está dispuesto a jugarse el pellejo en el aire.

No es la primera vez que los coruñeses asistimos a la noble charla de un comandante amable. Por ejemplo, el 22 de abril del 2004, un vuelo entre A Coruña y Madrid fue desviado por la niebla, de manera que los pasajeros tuvieron que salir desde Santiago. En Lavacolla esperaba el piloto, que recomendó a los viajeros que exigiesen «un sistema antiniebla más eficaz para Alvedro». Después se disculpó ante todos ellos, para añadir que «con los medios que tiene Santiago o con los que se han puesto en Asturias el avión habría podido volar desde A Coruña. Porque seguro que esto sale en los periódicos, y no es culpa de Iberia», dijo. Y ahí la clavó, pues en aquel vuelo iban dos periodistas de La Voz de Galicia que dieron cumplida respuesta a su infalible pronóstico, foto incluida.

Nadie podrá resarcir a los pasajeros de Vueling del retraso que tuvieron que soportar el pasado sábado en Alvedro. Aunque el comandante anunció que rezaría para que les trajesen pronto otro avión, sus oraciones no fueron escuchadas por los dioses de la aerolínea. ¡Ocho horas de demora! Pero el disgusto se lleva mejor cuando, con un café en la mano, te dicen la verdad y te das cuenta de que tienes delante a un tipo sensato que, además, se toma la molestia de explicar su decisión.

Por Alfonso Andrade coruñesas

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¡Bravo por el piloto!