«Buscamos trabajo para tener una vida»

Lleva un año y nueve días en A Coruña y dice que le han tratado «como a un hijo»


A Coruña / La Voz

Ahmad Matar -su apellido «significa ‘lluvia’ en sirio», bromea- llegó a la ciudad hace «un año y nueve días». Tiene 32 años, está acogido por un particular y es carpintero, especialista en cocinas y dormitorios, y electricista. La odisea que ha tenido que vivir para conseguir el permiso de trabajo, que recibió hace unas semanas -tardó ocho meses en recibir la risga (renta de inclusión social de Galicia)-, le ha mostrado las lagunas del sistema de atención a los refugiados. «Nos falta información. Hay gente que está viviendo como animales. Lo único que buscamos es un trabajo para poder tener una vida», afirma.

Ahmad, como tantas miles de personas, tuvo que huir de Siria y de la guerra. Fue en agosto del 2015. «No es algo nuevo. Aquí la gente también se tuvo que ir a Suiza, Francia o Argentina para poder vivir», afirma. Tras cuatro años trabajando como carpintero en el Líbano, el conflicto le obligó a despedirse de su familia y coger un autobús a una zona próxima a la frontera con Turquía. «Le pagamos a unas personas para poder cruzar. Nos llevaron a una zona que controlaban y tuvimos que correr», continúa el relato. Una vez en tierras otomanas, Ahmad Matar trabajó durante tres meses más de 12 horas al día, y «sin cobrar».

«Fue una etapa dura, vivía en la calle y estaba allí de manera ilegal», asegura el refugiado. En Turquía estuvo casi un año. Después partió junto a su hermano a Grecia, donde consiguió pasaje para un largo viaje -de una semana- a Alemania. «Nos pararon en la frontera con Macedonia y no nos dijeron por qué. De pronto, se vio viviendo en el campo de refugiados de Idomeni, donde se ofreció voluntario para construir casas para niños y preparar la comida para las 15.000 personas que allí vivían.

De vuelta en Atenas, Ahmad pensó en su futuro y tiró de agenda para lograr llegar a España. «Hablé con amigos que estaban viviendo en Alemania y Holanda. Quería venir aquí porque, desde mi punto de vista, es el país con una cultura más próxima a la mía», señala. Fue acogido en A Coruña por una familia. «Mi familia -dice él-, me tratan como a un hijo.».

Tras numerosos problemas para obtener el permiso de trabajo y residencia -con vigencia de un año desde este mismo mes-, Ahmad busca trabajo a diario como carpintero o electricista. «Me gustaría volver a Siria. Todos tenemos una casa, y la mía está allí», dice, sin desperdiciar la ocasión de agradecer el trato recibido en A Coruña: «Es mi segunda casa. La gente aquí me trata muy bien».

Sobre los atentados de Barcelona y un aumento de la islamofobia, Ahmad señala que «ninguna religión pide a un hombre matar a otro». «Me siento muy triste por lo sucedido en Barcelona, pero la religión es una excusa».

Colabora en la creación de una web y una «app» que ayude en la adaptación

Un año ha tenido que esperar Ahmad para conseguir un permiso de trabajo. Como él hay «cientos» de refugiados en España. «No hay organización. Muchas oenegés ni siquiera ofrecen clases de castellano», apunta. Estos son los motivos por los que se ha implicado tanto desde su llegada con los refugiados en España. Junto a la oenegé Aire, que también trabaja en Grecia, se encuentra desarrollando una aplicación para móviles y una página web que englobe toda la información que estas personas necesitan saber a la hora de entrar en el país. «Me sentía mal porque hay gente como yo que no conoce sus derechos. Existe falta de información y ni las organizaciones son capaces de colmar nuestras dudas», afirma.

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