Robos, refugio de indigentes y dos muertos en un edificio inacabado de A Coruña

Vecinos próximos al inmueble ubicado en Vioño llevan 9 años denunciando la situación

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a coruña / la voz

De haberse concluido el edificio, el número 201 de la ronda de Outeiro estaba llamado a ser uno de los cinco bloques que cambiarían de un plumazo el barrio de Vioño, convirtiéndolo en un polígono residencial para familias acomodadas. Mientras el resto de las construcciones iban hacia arriba a buen ritmo, este se quedó a medio hacer. La empresa constructora se encontró en el 2008 con un agujero económico que le imposibilitó seguir con las obras y le obligó a entrar en concurso de acreedores, proceso en el que continúa. A día de hoy, solo es un esqueleto. Peor que eso, es una estructura de hormigón en abandono en el que se cuelan indigentes, drogadictos y ladrones, según llevan años denunciando los vecinos de la zona.

En ese inmueble de diez plantas ha pasado de todo en los últimos 9 años. Sobre todo al principio, cuando no estaba ni vallado. Grupos de jóvenes jugaban en su interior y toxicómanos entraban para consumir. También se dieron desgraciados sucesos. Una joven se suicidó junto a su novio y un indigente apareció muerto. «Algo había que hacer, pero no se hizo», cuenta Sagrario Gómez, presidenta de una de las comunidades de vecinos de la zona. Tal es así, que delincuentes vieron ahí un buen lugar desde el que acceder al edificio contiguo, en la calle Igualdad. Hasta en dos ocasiones subieron a uno de los pisos más altos y saltaron a la vivienda. Una vez mientras sus moradores dormían.

Aquello fue la gota que colmó la paciencia de los residentes en la zona, que ya habían tenido que emplear dinero para vallar un patio y así impedir el fácil acceso de los amigos de lo ajeno.

Según recuerda el vecino José Gundín, tras muchos años peleando con el Ayuntamiento por la situación del inmueble, en el 2014 el gobierno local de entonces accedió a tapiar el bajo del edificio. Pero no lo hizo del todo. La empresa encargada levantó un muro, «pero solo de dos metros de altura, dejando un hueco por el que casi a diario se cuela gente». El dinero salió de las arcas municipales.

Tras comprobar que el vallado no sirvió para nada, los presidentes de comunidades de edificios próximos continuaron con la petición de medidas. «Pero no hacen caso». Y eso es un peligro «para todos». Ladrones e indigentes aparte, «hay tablones de madera podrida con riesgo de precipitarse sobre la calle». De hecho, los residentes de la zona evitan pasar junto al inmueble. En alguna ocasión ya cayó algún tablón a la vía.

La solución, creen los vecinos, «es sencilla y requiere poco dinero». Basta con levantar la tapia hasta el primer piso. Los administradores concursales, a los que también se apeló, «se muestran solidarios, pero no están dispuestos a invertir».

La administración concursal aún no decidió a qué acreedor entregará la construcción

Muchos esqueletos de hormigón salpican la ciudad. Son metáforas de la crisis económica que no ha tenido piedad con el sector de la construcción. O de la ilegalidad urbanística. Son inmuebles que se han quedado en una simple intención de casa. Algunas estructuras incluso han sobrevivido a varios alcaldes, incapaces de gestionar una solución a esos edificios sobre los que puede pender incluso la amenaza de derribo. Pero la ley es muy estricta y exige agotar varios pasos antes de aplicar dinamita.

Ante las Administraciones tiene que quedar claro, de forma muy contrastada, que el promotor de la construcción ha abandonado el proyecto de forma definitiva. Tras la licencia concedida por el Ayuntamiento, el constructor tiene seis meses de plazo para iniciar la obra y se fija un tiempo para concluirla, con la posibilidad de prórroga, siempre antes de que venza el plazo inicial.

A partir de ahí, la obra no puede estar paralizada más de seis meses, aunque en los ayuntamientos reconocen que en este punto no se suele ser estricto.

De este modo, se incoa un expediente de la caducidad de la licencia, que requiere un informe contradictorio en el que se da voz al promotor. Si después de esto se declara la caducidad de licencia, esta desaparece del mundo jurídico y toca entonces la reposición de la legalidad, que se consigue generalmente a través de la demolición.

No obstante, el caso del inmueble de Vioño es más complejo, Hay unos administradores concursales que no han determinado aún a qué acreedor se le entregará el edificio.

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