«Pocas veces aprendí más que de una reprimenda de Zedda»

Durante años trabajó con el maestro, que será homenajeado en el concierto del próximo sábado en el Teatro Colón


El director musical José Miguel Pérez-Sierra (Madrid, 1981) se preparaba a las cuatro de la tarde de ayer para afrontar unas cuantas horas, «hasta las once», de ensayo de la Gala Rossini: Alberto Zedda en el recuerdo. La función, con las entradas agotadas, será este sábado, a las 20.00 horas, en el Teatro Colón. Será dentro de la programación lírica de Amigos de la Ópera, con la Orquesta Sinfónica y el Coro Gaos.

-¿Trabajó mucho con Zedda?

-Catorce años de colaboración y amistad, sobre todo de amistad. Empecé siendo su asistente en el año 2003. Luego también trabajé con él en el Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo, en Valencia, donde era su adjunto a la dirección. A partir del 2010 ya no volvimos a colaborar profesionalmente, pero fue mi maestro y mi mentor. Hablábamos muy a menudo de todo, de la música, de la vida, de todas las cosas que él me podía enseñar, que eran infinitas.

-Entonces, está claro que tenía que dirigir usted esta gala...

-Para mí es un honor que hayan contado conmigo y poder recordarle. Hay también un grupo muy bueno de cantantes discípulos suyos. Él es uno de los pocos directores que han creado una academia de cantantes, con su academia de Pésaro, con las masterclass que ha dado en A Coruña o en la Universidad de Alcalá de Henares. Hay una pequeña representación de esos cientos de cantantes que formó. Querían venir muchos más, pero habría que hacer un festival más que una gala.

 -¿Es muy especial?

-Sí, porque es un concierto todo Rossini, como no podía ser menos, de grandes escenas y eso no es usual en galas líricas. Hemos tratado de hacer un concierto como a él le gustaba: grandes escenas, grandes bloques de óperas, que le parecían más interesantes a nivel musical.

-¿Era muy exigente?

-¡Muchísimo! Con los cantantes y conmigo como asistente, pero era siempre una exigencia fruto de su pasión por la música. Nunca hubo en él nada personal en un enfado, era la pura pasión que tenía por la música la que le llevaba a exigirte. Pocas veces he aprendido más que de alguna reprimenda del maestro; si te tenía que decir algo te lo decía y son esas cosas de las que uno aprende muchísimo y es un tesoro.

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