El sagrado aperitivo


Los endocrinos y nutricionistas sostienen que el desayuno es la más importante de las comidas del día y que si uno no desayuna bien, el día ya empieza torcido, como la torre de los Dominicos, que uno ya no sabe si está torcido el colegio o la iglesia, porque cada guía le cuenta una historia distinta a los turistas. Lo del desayuno lo dicen nueve de cada diez endocrinos (el que falta no cogió el teléfono), pero también nueve de cada diez dentistas recomiendan comer chicle, y a mí me sigue sonando raro.

Lo del desayuno será en los países de los turistas, Alemania, Estados Unidos y así, pero en A Coruña la comida más importante del día es el aperitivo, que no es exactamente una comida, sino una bebida.

En verano -porque aún estamos en verano, digan lo que digan los agoreros de guardia- el aperitivo cobra mucha más importancia todavía. Se vuelve crucial, porque hay que hidratarse, no vaya a ser que con tanto calor le pegue a uno un yuyu, un jamacuco, un parraque, un parrús, vaya.

En A Coruña el aperitivo empieza tarde y a menudo, para dar la razón a los nutricionistas, es la primera comida del día, porque en verano uno se levanta a las doce y ya para qué va a desayunar, se baja directamente al aperitivo y pide unas aceitunas y un pincho de tortilla.

-¿Con o sin cebolla?

Lo de con cebolla o sin cebolla es el eterno retorno de Nietzsche, pero forma de tapa. Por ahora van ganando los sin cebolla.

Al aperitivo hay mucho coruñés que no baja antes de las dos y media, que se ve que es la hora de más sed. Empezando a las dos y media es muy difícil acabar antes de las tres, así que a veces la cosa se va de las manos y cuando llegas a casa ya no comes, directamente meriendas, que dicen los endocrinos que también es una de las comidas más importantes del día. El aperitivo es como una de esas bodas gallegas que se sabe cuando empieza, pero que no acaban nunca, porque siempre hay otro plato, otra copa, otra canción.

En A Coruña el aperitivo se toma en el barrio, en el bar de cabecera, y, por supuesto, en la terraza, aunque la terraza sea solo uno de esos bancos corridos que la dueña ha puesto en la acera para que fumen los viejitos. El aperitivo no es toreo de salón, hay que practicarlo al aire libre, por lo que ni siquiera valen esos invernaderos que tienen algunos locales en la puerta para que los parroquianos echen el pitillo a cubierto.

Si no fuésemos unos acomplejados, el aperitivo coruñés sería ya una de las bellas artes y se estudiaría en las escuelas. Si estuviésemos a la altura de nuestro talento y de nuestro tiempo, nos pondríamos muy elegantes, como en Historias de Filadelfia, para beber nuestra caña, nuestro vermutito o nuestro mosto con guinda.

¿Qué sería de la vida sin aperitivo?

Por Luís Pousa Coruñesas

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