Vecinos de Orillamar denuncian altercados en un centro municipal

Los usuarios beben, se pelean y hacen sus necesidades en la calle, según los residentes


A Coruña / La Voz

Ni tres meses ha durado la paciencia de los vecinos que rodean la plaza Luis Rodríguez Lago, en Orillamar, frente al centro de salud. La reciente apertura de un centro de baja exigencia para que las personas sin hogar puedan pasar la noche fue apoyado en su momento por la asociación de vecinos, que veía el proyecto como una oportunidad que se podría trasladar a otros barrios de la ciudad. Sin embargo, los numerosos altercados entre usuarios y residentes de la zona dejan entrever un futuro incierto para estas dependencias municipales.

«No los queremos aquí. Llegamos a plantearnos rodear la entrada para que no puedan abrir el local, pero la policía nos lo desaconsejó», señala Moisés Amaya, uno de los vecinos de los bloques de viviendas sociales que rodean la plaza. El centro de baja exigencia Abeiro abre sus puertas a las 21.00 horas. Dentro hay quince sofás para dormir y se ofrece cena y desayuno a los usuarios, además de asesoramiento y talleres. El local cierra a las 8.00 horas, pero «esas personas se quedan aquí casi todo el día». «Llegan a las cinco de la tarde y se ponen a beber alcohol en la plaza, que siempre está llena de niños. También se drogan y hacen sus necesidades por todas partes», asegura Moisés.

«Si solo viniesen a dormir por la noche, no pasaría nada. Pero ha habido hasta peleas a las seis de la mañana», afirma Juan Manuel Amaya, otro de los vecinos afectados. Otra mujer de la zona, con hijos, se muestra «preocupada» por los altercados nocturnos: «No dormimos. Hasta nos han entrado en los garajes». También se quejan los vecinos de que el personal de seguridad del centro no actúa en la calle: «Ya nos ha dicho que no sale si pasa algo. A los que se pelean tenemos que separarlos los vecinos».

María Pita toma nota

La Concellaría de Xustiza Social, liderada por la edila Silvia Cameán, está en contacto permanente y fluido con los vecinos de la zona desde la apertura del centro Abeiro, tal y como aseguran desde María Pita, que expresa su agradecimiento por la actitud solidaria y la compresión que siempre mostró, de forma general, el vecindario.

Semanalmente, una trabajadora social del grupo municipal Hábitat Digno, cuyo objetivo es atender a familias en riesgo de exclusión social, se reúne con vecinos para cotejar opiniones e inquietudes con respecto al centro de baja exigencia. A su vez, el Ayuntamiento trabaja en la puesta en práctica de «medidas efectivas de cara a controlar que as persoas usuarias permanezan diante da porta do centro antes do horario de apertura», una actitud que denuncian los vecinos.

Sin requisitos antidroga

El Ayuntamiento ha confirmado que no efectúa controles a los usuarios del centro -una media de 13 personas diarias desde hace dos meses-, tal y como ocurre en otros locales sociales diurnos. Las instalaciones de Orillamar cuentan con seis auxiliares de atención y tres integradoras sociales que trabajan tanto en el local como en la calle, prestando asesoramiento a los sintecho.

Unas instalaciones que abrieron en pleno auge de la polémica por el proyecto Micasita

Tras los estudios contratados por el Ayuntamiento que sostenían que adecentar los viaductos de Alfonso Molina era una buena solución ante la problemática de los sintecho, las discrepancias entre gobierno local y el Hogar de Sor Eusebia parecían resueltas con la concreción del proyecto Micasita. Esta iniciativa consistía en la construcción de veinte viviendas de tamaño reducido que acogerían a sintecho.

El Ayuntamiento accedió a donar una parcela de 1.500 metros en el parque de Eirís, pero el rechazo y las protestas de los vecinos terminaron por echar por tierra el proyecto; al menos, en Eirís. «Estamos pendientes de que pase el mes de agosto, muy complicado para tratar estos temas por las vacaciones», afirma Diego Utrera, director de Sor Eusebia, que confía en que las negociaciones para el nuevo emplazamiento «lleguen a buen puerto».

Sobre las afirmaciones de que esos terrenos podrían situarse en San Pedro de Visma, Utrera señala que «solo fue un deseo personal, y no tiene más soporte».

Otros centros sociales

Además del centro Abeiro y del proyecto Micasita -todavía lejos de su concreción definitiva-, en la ciudad existen otros recursos para personas en riesgo de exclusión social y sin hogar. Es el caso del albergue Padre Rubinos, que recibe una subvención municipal de 120.000 euros; el centro de día Accem, dotado con 10.000 euros; el Servicio Municipal de Urxencias Sociais (Sesmus), que gestiona la Cruz Roja y recibe 70.000 euros; la Cocina Económica, subvencionada con 30.000 euros, o el dispositivo de frío Accem, con importe de 6.500 euros. En total, el Ayuntamiento destina a actividades relacionadas con los sintecho 370.000 euros.

La asociación del barrio dio su apoyo a este albergue para personas sintecho

El centro Abeiro lleva apenas tres meses abierto, pero su concepción se produjo hace más de medio año. Fue el 15 de diciembre del 2016 cuando el Ayuntamiento sacó a concurso la puesta en marcha de «un programa de atención de baja exigencia para personas sintecho». La licitación tenía un presupuesto máximo de 156.000 euros y una duración de seis meses y medio. El centro tiene una capacidad para 15 personas, que disponen de sofás «tipo relax» y otras comodidades. La asociación de vecinos de As Atochas-Monte Alto-Torre de Hércules se mostró desde el primer momento a favor de estas instalaciones, comunicando al Ayuntamiento su conformidad. De hecho, desde la institución se valoró extender este proyecto a otros barrios en caso de que tuviese buena acogida.

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