Unidos por los tatoos

UNIDOS PARA SIEMPRE están los protagonistas de este reportaje. No solo por las relaciones que les unen sino por la tinta que corre por su cuerpo, que en las tres historias tiene el mismo trazado. Y el mismo motivo: una historia con un gran significado para ellos que no quieren olvidar.

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El trío de esta página bien podría ser el trío calavera, pero no. No se van a arrancar a cantar rancheras, pero su historia suena muy bien. Habría que hacer un croquis para entender la conexión entre los tres protagonistas, pero como el diseño del YES no lo permite, vamos a ver si letra a letra queda igual de clarito. El epicentro de la página y de la historia es Carmen. A esta madrileña enamorada de Galicia se le ocurrió que estaría bien tatuarse algo con su EXnovio para recordar lo que los mantuvo unidos durante tantos años. Claro, así a priori puede sonar raro, porque historias de novios que movidos por la pasión del momento corran a unirse de por vida sin pasar por el altar hay muchas, pero que los protagonistas haga años que llevan caminos separados no tantas. Aún así hemos dado con una. Carmen le propuso a Jaime, -su exnovio coruñés y con el que le une una bonita amistad-, tatuarse los años que habían estado juntos. La respuesta de él, se la pueden imaginar. Ni se lo pensó. Un 13, pues nos hacemos un 13. «Fue por la curiosidad del número, que parecía una condena: 13 años, 3 meses y un día», explica Jaime. Estaba ya todo preparado, un amigo ya se había encargado del diseño, cuando cayeron en la cuenta de que no habían estado 13 años juntos, sino 12. «No sé cómo pudimos haber estado confundidos tantos años. Es raro, porque además fue mi error, y parece que las chicas para esas cosas tenemos todo muy controlado», explica Carmen, que entre risas reconoce que esta anécdota le da un plus a la historia y así ya tienen algo que contar. Aún conscientes del error, siguieron adelante con el 13. «Sabíamos que nos habíamos equivocado, pero nos gustaba más el 13 que el 12, así que seguimos adelante», confiesa Jaime, que reaccionó de maravilla ante la propuesta de su ex. «Me pareció muy bien, si no tienes ninguno pues igual te importa más, pero al final es uno más de todos los que tengo y es un recuerdo, porque al final los tatuajes son recuerdos». A Jaime, que trabaja en Katattoomba, solo le queda el torso limpio, aunque es cuestión de días: «Así que pase el verano, ya va».

NO HAY DOS SIN TRES

Y si en una muñeca lleva un recuerdo de su expareja, por la otra está unida al hombre que en la actualidad ocupa su corazón, Luis, por una calavera. «A los dos nos gustan los tatuajes, tenemos amigos tatuadores y nos los hicimos», explica Carmen, que reconoce que cuando vienen a A Coruña alguna vez les dice: «Te dejo mi brazo y haz lo que quieras». A lo que Luis asiente: «Tal cual, a veces nos dicen: ‘Tengo un hueco, me aburro’, y le respondo: ‘Venga pues practica’...», explica Luis. Y ojo, porque vienen muy a menudo a Galicia. Hay muy buen rollo entre los tres, y eso se transmite por teléfono y por la piel. Al final, no hizo falta croquis.

YES 15-07-2017

JAVIER Y RAQUEL: «A mis cincuenta y pico mi hija me lio para hacérmelo»

Como dice Javier: «Son estas cosas entre padre e hija» las que te llevan a hacer un tatuaje a tus cincuenta y pico. «No sé en que momento se lo prometí, pero ante la duda me tatúo», dice Javier. ¿Te lio? «Bueno yo ya me lo había planteado en más de una ocasión, pero el empujón me lo dio ella». A finales del mes de noviembre Raquel vio un tatuaje parecido al que finalmente se hicieron, de dos manos agarrando un hilo, y «me recordó mucha a una historia nuestra, entonces se lo propuse». Pero, ¿lo liaste? «Bueno, él quería hacerse un tatuaje algún día, y cuando se lo propuse se emocionó muchísimo por que hubiese pensado en él». La idea de que su niña quisiera plasmar de por vida algo tan de los dos pudo con 50 años deshojando la margarita. La historia lo merecía. «Era algo que yo le contaba cuando ella era muy pequeñita, le decía: ‘Aunque estemos separados, hay un cable entre nosotros que nos une para siempre. ¿Y no se rompe? -me decía ella-. No, es muy muy fuerte y no se va a romper nunca’. El reflejar esto de alguna manera era muy bonito», relata él. Le contaron a Samu (el tatuador) la historia y lo que habían visto, y él se encargó del diseño final que recoge perfectamente esa unión tan especial entre padre e hija. De hecho, los tatuajes por separado están incompletos, ya que uno es la continuación del otro, y viceversa.

«Dicen que engancha y debe de ser verdad porque ya estoy pensando en el siguiente», dice Javier, aunque también lo podría decir Raquel. Pero ella ya tenía dos con mucho significado, uno por sus abuelos y otro que le recuerda a un perro que tuvo. Aún así ya trama más. «Me gustaría hacerme una mano que agarra a otra que son unos huesos como a punto de soltarse pero que nunca se sueltan del todo, en homenaje a mis abuelos», explica esta joven de 21 años que esperó a tener la mayoría de edad para marcarse. «Igual no me hubieran dejado, no lo sé, pero si esperé fue porque no estaba segura y quería algo especial, de lo que no me fuese a arrepentir». Viéndoles la cara seguro que no.

YES 15-07-17

LUCÍA Y ABEL: «El ¡Ollo á boia! es lo que nos decía nuestro abuelo»

Hace un mes que los hermanos Pombo están unidos por algo más que la sangre. Abel, diseñador gráfico de profesión, lleva en las venas la inquietud de lanzarse lápiz en mano a realizar bocetos de ideas que va teniendo. A raíz del fallecimiento de sus abuelos el año pasado, quiso rendirles su particular homenaje en papel, sin saber que ese boceto también acabaría grabado en su piel. «Empezó con un dibujo sin más, pensando en ellos, pero sin la intención inicial de que fuera un tatuaje», cuenta este joven de 25 años. Pero a medida que los trazos iban tomando forma se fue convenciendo de que la mejor manera de tenerlos presente de por vida, era llevar encima el diseño. Este cambio de rumbo, que diría su abuelo, marinero de profesión, le llevó a matizar ciertas líneas para que fueran más gruesas y no perdieran calidad. Cuando fue cogiendo forma, Lucía, su hermana, le echó el ojo. «Lo vio y me dijo que se lo iba a hacer también. Entonces se lo regalé por su cumpleaños cuando cumplió los 18, aunque entre unas cosas y otras no se materializó hasta hace unos días. El interés de su hermana Lucía estaba más que justificado ya que el tatuaje se compone de un ancla y una frase,« que nos decía mi abuelo a todos sus nietos para que tuviéramos cuidado en general en la vida», explica ella, que quiso esperar a ser un poco mayor para seguir los pasos de Abel, que en el capítulo tatuajes le lleva ventaja. «Seguro que me voy a hacer más, y el siguiente que me haga también tendrá mucho sentimiento?» ¿Y qué sintió tu madre cuando lo vio? «Le pareció un poco grande, pero le gustó mucho la idea y el significado que tenía», dice Abel. Son 10 primos, y Lucía está convencida de que tarde o temprano alguno de ellos seguirá sus pasos. 

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