Los políticos convirtieron la tapicería de cuero en arma de campaña


A Coruña / La Voz

Hasta hace relativamente poco ver pasar un Audi con chófer y un cargo político detrás era relativamente normal. La marca de lujo alemana hacía negocio con las Administraciones públicas españolas. El vehículo se acabó convirtiendo en una metáfora de la separación entre los cargos públicos y la realidad ciudadana, ajena, en general, a la tracción integral y los asientos de cuero.

 Los Audis fueron un arma en la campaña de Feijoo contra el bipartito. Con él esos coches desaparecieron de la Xunta. En A Coruña la guerra la hizo Negreira contra el pretendido lujo de sus predecesores. El PSOE primero y el bipartito después, estuvieron bien surtidos de Audi, incluido algún A8 que, según el registro municipal, todavía debe de andar aparcado en algún garaje.

Cuando Negreira ganó en el 2011 sacó a subasta aquellos símbolos. Desde la Marea llegaron a criticar al PP coruñés por hacer uso de coches oficiales. Lo cierto es que los populares jamás se subieron a ellos y los ediles de la anterior corporación circulaban por la ciudad en sus turismos particulares. La Marea hizo bandera durante la campaña de la necesidad de despojarse de caros elementos de lujo. El propio alcalde, tras acudir a Balaídos en un coche de la Policía Local, aseguraba el año pasado que no necesitaba Audi para nada, que le valía un Twingo. Cierto que el A6 era heredado y que ya estaba en el parque móvil cuando llegó la Marea. También Ada Colau se encontró un A6 de Trías. Lo cambió por un monovolumen.

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