Los otros grandes dilemas del coruñés


Como hay que pasarse toda la vida escogiendo bando, uno no acaba nunca de ser coruñés del todo, porque jamás termina de completar su cuestionario Proust del coruñesismo, su test CTV, su quiniela koruña, en la que va anotando -uno, equis, dos- si es de la Italiana o de la Colón, de Santa Cristina o de Bastiagueiro, de San Jorge o de Registro Civil. Cuando uno ya pensaba que con elegir entre el Casino y la Hípica ya estaba, resulta que no, que siempre te plantean otra disyuntiva, aunque venga de otro siglo:

-¿Tú eras del Toro o de Agarimo?

Entre el Toro y Agarimo, en Federico Tapia, había dos carriles, mucha doble fila y un abismo. Hasta que iba cayendo una cerveza tras otra y los grupos se iban mezclando en las aceras, como si fuéramos todos iguales a la hora de ser atropellados por el 4, que pasaba zumbando en zigzag entre los coches mal aparcados.

Hay interrogantes, como el del Toro y Agarimo, que mezclan pasado y presente, como Didó o Tobaris, Odilo o Huevito -un Madrid-Barça de las Atochas-, los callos del Gasógeno o los calamares del Copacabana, Zara o Pascual -sí, hubo un tiempo en que o eras de Pascual o de Zara-, el perrito del Feypo o la hamburguesa de la Torre.

Hay nativos que aún te clasifican por locales que ya no existen o han cambiado mucho: Kirs o Coruña -a mí me llevaban mis padres el domingo por la mañana a tomar mosto con guinda al Coruña, donde había un sifón en cada mesa-, César Blanco o Manhattan, como si fuese a aparecer El Perchas en cualquier momento con su boquilla larga y su chupa de cuero roja.

La duda metódica del coruñés es y ha sido siempre muy de hostelería, muy de este lado de la barra, que es donde la sociedad se parte en dos mundos paralelos: el que bebe en La Fundación y el que para en La Jarra Melada, o sea, en lo de Virtudes. Pero a veces también hay que descartar montes, barrios, músicas: Santa Margarita o San Pedro; la Primera o la Segunda fase de Elviña; Katanga o Korea; Xoel o la Sinfónica de Galicia.

En las librerías también hay que tener claro de dónde vienes, de Molist o Colón, de Maside o de Xiada, de Berbiriana o de Lume.

Hay derbis que tienden al infinito, como la luz del día en San Juan, cuando hay que elegir entre sardina o churrasco y entre bajar a la playa o quedarse atrincherado junto a la hoguera del barrio. Tampoco hay armisticio posible entre los partidarios del roscón de Glaccé o el de Flory, entre las pastas de Hildita y los pasteles de la París (no la de Noia, sino la de la calle San José), entre las milhojas de Berna y las de Maflor (R.I.P.).

Y cuando piensas que ya está, que ya has resuelto los grandes dilemas de ser coruñés, que ya sabes si Colón o Rosalía, si San Amaro o Matadero, si cocodrilo o tarabelo, si Victoria o Ural, viene alguien y te suelta:

-¿Y tú de quién eres?

Por Luís Pousa Coruñesas

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