Reflexionando sobre el «Cebragate»


¿Se imagina usted llamar al 010 denunciando, yo qué sé, un bache en la calzada y que le digan: «Ese bache es del anterior gobierno municipal»? Qué le parecería si le contestasen: «¿Y por qué no lo denunció cuando gobernaba el anterior partido?» y permaneciese todo igual. ¿Y si lo que se llevase como contestación fuera: «Mira que no habrá cosas más importantes que hacer que eso que dice usted», acompañado de un vacile?

Pues algo así ocurre en ocasiones en el Ayuntamiento de A Coruña. No en el 010, por supuesto. Pero sí en la actitud pública de quienes gobiernan María Pita. No es nuevo. Otros también lo hacían, si eso sirve de consuelo. Son esas penosas formas que no varían con la (auto)llamada nueva política. Peor, amplificadas a través de las redes sociales, adquieren un eco mucho mayor. Lo vimos la semana pasada con el -ahora sí- desaparecido paso de cebra del paseo marítimo. Era una de las anomalías resultantes de la falta del contrato de mantenimiento de señalización horizontal, cuyos efectos se están viendo en muchas calles. Así lo reclaman los vecinos. Se denunció. Y, lamentablemente, se produjo una reacción contraria a la lógica.

El mecanismo se repite. De libro. Primero, negamos el problema. Luego, se busca un culpable exterior que exima de responsabilidad. También se explora alguna veta que permita desviar la atención, eclipsando lo importante (la falta del contrato) por lo menor (un paso de cebra confuso). Ya puestos, si podemos ridiculizar al denunciante, mejor. El gobierno local en ocasiones juega a eso. Alguna vez le sale bien, si es que eso tiene algo positivo, más allá del interés partidista. Otras no tanto. Pero hay algo en esa actitud muy ofensivo: la idea de que el juego político está por encima de los ciudadanos.

El famoso paso de cebra, retirado en el 2014 por el PP, estaba medio borrado. Inducía a la confusión. Generaba peligro. Si en su momento no se eliminó (mal), debería hacerse en cuanto se evidencie la situación. Pues no. En lugar de eso, se optó por el chiste, el hashtag #Cebragate y, ya en el delirio, hinchar el pecho por haber pintado 19 pasos de cebra en dos años. Todo para borrarlo días después.

Existen otras maneras, claro que sí. Hace dos años, cuando se decidió llevar el Noroeste Pop Rock a San Nicolás, se instaló un escenario sobre el cruceiro protegido de la plaza. Patrimonio lo denunció y, cuando ya se empezaba el contraataque, el edil de Culturas, Jose Manuel Sande, tiró de freno de mano. En rueda de prensa admitió el error. Hizo algo tan inédito en un político como pedir perdón. Y dio la orden de que se colocase en otro lugar. Asunto arreglado. Polémica neutralizada. ¿Qué es mejor esta actitud o la otra? Yo, la verdad, es que no tengo la menor duda.

Por Javier Becerra coruñesas

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