El paro general fue un éxito. Convocado por el sindicato anarquista de hierros y metales, se sumaron a él todas las obras, talleres y fábricas coruñesas. Tiendas, comercios y oficinas abrieron con normalidad y también las plazas donde se podía comprar de todo, pero no pescado. Los traineros no salieron a pescar y las pescaderas impedían que se descargase en el puerto. No hubo incidentes ese día, el 12 de febrero de 1903.

Parecía un día festivo. La nota discordante era el despliegue extraordinario de fuerzas de orden público. El gobernador civil, para reprimir cualquier incidente, distribuyó, en puntos estratégicos, a los 80 guardias civiles que mandó concentrar en A Coruña, y además contaba con los agentes de policía y guardias municipales, estando también prevenido el ejército y un cañonero de la armada enviado desde Ferrol.

A las tres de la tarde se celebró el mitin en la plaza de toros. Acudieron todas las sociedades obreras. Había muchas mujeres: la mayoría de las pescaderas y numerosas cigarreras y tejedoras. Asistieron unas 7000 u 8000 personas según la prensa. Fueron veinte los oradores y entre ellos estaba una mujer. Era La Morenita, María Manuela Vázquez Mejuto, y representaba a las pescaderas. No hay total certeza, pero posiblemente fuese la primera mujer, o una de las primeras, que participó como oradora en un mitin obrero en A Coruña. Sus palabras, en contra de las básculas que se habían colocado para pesar el pescado y pagar la tasa de los consumos, fueron atentamente escuchadas, recibiendo una fuerte ovación.

Al finalizar acordaron: persistir los metalúrgicos en su paro, llevaban ya siete meses, hasta conseguir la jornada de 8 horas, mantener la huelga traineros y vendedoras de pescado hasta que se retirasen las básculas, estar los demás a la expectativa y celebrar un nuevo mitin el 15. Poco después detuvieron al presidente y secretario del mitin como responsables de unas declaraciones subversivas que en él se leyeron.

Al día siguiente, la mayoría retornó a su trabajo. Los metalúrgicos siguieron en huelga y los traineros y pescaderas mantuvieron su férreo control del puerto. Esta situación obligó al ayuntamiento, dominado por los republicanos, a buscar una solución.

Renunciaron a cobrar la parte que les correspondía por el impuesto de consumos sobre el pescado, 17.686 pesetas, a cambio de que la compañía arrendataria quitara las básculas y volviera al antiguo sistema de cobro por unidad. Así se hizo, pero el bloqueo continuó hasta el 15. Ese día, en un nuevo mitin los trabajadores decidieron que los metalúrgicos siguiesen con su huelga por las 8 horas, recibiendo apoyo económico de los demás, y que solo se volvería al trabajo cuando quedasen libres los dos obreros detenidos. Esa noche los pusieron en libertad. Por la mañana pescaderas y traineros retomaron su trabajo. Habían ganado.

Historias con historia

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

La victoria de las pescadoras