Movidos por la chispa de la vida


En mis manos cae una fotografía y no puedo evitar una enorme sonrisa, de esas en las que la vida se ilumina. Las páginas de la hemeroteca de La Voz nos acercan una imagen curiosa en la que se ve a la poeta Luz Pozo hace cincuenta años, cuando daba clase en el instituto de Monelos de A Coruña. En esa foto en blanco y negro aparece sonriente junto a un alumno, José Manuel García Sánchez, un coruñés que en el mes de mayo acababa de ganar, entre cien mil jóvenes de España, el certamen de redacción que en ese momento organizaba Coca-Cola. El premio era entonces, dice la información, un viaje a Rabat que, por supuesto, José Manuel disfrutó. A los pocos días de leer esto, otra noticia me lleva los ojos y observo en otra imagen a un grupo de niños felices con unas medallas colgadas y un nombre destacado: Alba Domínguez. Es otra gallega, de Xinzo de Limia, que acaba de hacerse con el primer premio de la 57.ª edición del concurso de Coca-Cola de relato corto.

Llevada por la emoción empiezo a preguntar a todos los que tengo alrededor trabajando, tecleando en el ordenador si alguno se acuerda de este concurso. Si alguno de ellos participó. La vanidad no se sostiene. Uno levanta la mano, la otra también, y el otro, y otro más... «Yo fui en 1978», «Yo en 1986», «Yo en el 2002»... Y otra me cuenta mucho más, porque cuando Manolo Rivas era también alumno de Luz Pozo, en el mismo instituto coruñés, consiguió el primer premio del certamen. Una compañera me hace el favor y llama a Luz Pozo. «¿Luz, te acuerdas de cuando fue Manolo al concurso?». «Sí, sí», responde la escritora al teléfono con la amabilidad de siempre y su memoria prodigiosa. «Fue a Madrid y ganó, era el mejor».

Me la imagino brillante como profesora, animando con pasión a sus alumnos de Literatura, intentando abrirlos a la emoción. Y veo a Lourdes, mi profesora de quinto leyéndonos en alto y corrigiéndonos una y otra vez la puntuación, las tildes, con aquel cariño, y a Maricarmen, la de octavo, poniéndonos como ejercicio una redacción «especial» que nos podría seleccionar para un concurso: ¡el de Coca-Cola! El tema era común para todos: «¿Qué quieres ser de mayor?» Y allí nos fuimos unos cuantos, soñándonos profesores, médicos, periodistas o futbolistas, al edificio de Empresariales, en Riazor, donde había cientos de adolescentes a los que nos tocó escribir un relato sobre la juventud. Era el año 1985 y mucho tiempo después supe quién fue la ganadora del concurso, una chica del Femenino a la que luego le perdí la pista. No a Luz ni a Manolo, a los que leí y releí y por fortuna conocí más tarde. Casualidad o suerte, yo cumplí lo que escribí en aquella prueba de 8.º y aquí estoy sentada en la Redacción a la que me arrastraron, como una explosión, las letras. Unas letras. La chispa de la vida.

Por Sandra Faginas cORUÑESAS

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