«Yo me veía trabajando aquí»

El Chuac dio la bienvenida a una nueva promoción de médicos internos residentes, enfermeras, farmacéuticos y psicólogos que comienzan su especialidad en el área


a coruña / la voz

Pablo Fernández de Aspe tiene 25 años y, de los nuevos médicos que se incorporan este año al área sanitaria coruñesa, ostenta el número más bajo: obtuvo la 76 mejor puntuación de entre los más de 13.000 facultativos que en toda España hicieron el examen MIR para optar a una de las 6.300 plazas disponibles en el sistema público de salud. Es uno de los 67 médicos internos residentes a los que, junto a 15 enfermeros, dos farmacéuticos y un psicólogo, se dio ayer la bienvenida en el Chuac. Hoy mismo firmarán su contrato, en la mayoría de los casos el primero, para iniciar su vida laboral sin dejar de estudiar: llegan para especializarse.

Pablo es de A Coruña y se hará cardiólogo. «Siempre quise ser médico, desde pequeño», dice este hijo de psicólogos que nada más empezar la carrera en Santiago se dio cuenta de que el corazón le tiraba bastante. «Claro que entre la teoría y la práctica hay mucha diferencia... pero cuando hice las prácticas en sexto, aquí en el Chuac, vi el servicio y me encantó», dice. En su caso, el rotatorio «fue determinante, lo vi, vi que era muy bueno, que todas las unidades eran muy completas y me sentía cómodo. ‘Yo me veo trabajando aquí’, me dije así bajito, porque todavía me faltaba pasar el MIR», cuenta este joven doctor, que, a expensas de ver por dónde le conducirán los descubrimientos que haga en los próximos años, no oculta que «el trasplante me gusta mucho, fue una de las cosas que me llamaban para elegir el hospital».

Como él, todos y cada uno de los jovencísimos sanitarios reunidos ayer en la jornada previa al estreno albergan un historial de esfuerzo detrás, y mucha ilusión por delante. Como Alicia Alonso Álvarez, de 24 años, que hará medicina interna. Tras estudiar en la Universidad de Navarra, logró el número 99 en el MIR, lo que le daba un aluvión de opciones. Sin embargo, eligió especializarse en el mismo hospital en el que trabajan sus padres, también médicos. «El Chuac tiene un servicio muy bueno y está en la ciudad en la que quiero vivir», explica esta joven que se inclinó por una especialidad médica que «ve al paciente en global». «Espero formarme como internista y también como persona: aquí todo el mundo parece muy amable», comentaba ayer.

Carla Fernández Oliveira podría haberse ido a cualquier hospital de España. Su número 5, entre los 1.379 que se disputaban 239 puestos, le abría las puertas a cualquiera de las plazas de farmacéutico residente. Y eso que se apuntó a la titulación al quedarse a unas décimas de entrar en Medicina en Santiago con la intención de volver a intentarlo al año siguiente. «Pero ya desde el principio me encantó la carrera y estoy muy contenta de ser farmacéutica», dice esta oriunda de Salceda de Caselas. «Barajé otras opciones más allá de Galicia, sobre todo el Vall d’ Hebrón y el 12 de Octubre, pero al final me incliné por el Chuac». No conocía el servicio, pero «vine a verlo, pedí referencias y sí, los acosé un poco por correo electrónico... Me gustó lo que me ofrecían y aquí estoy». Trabajará en la farmacia hospitalaria.

El inicio de «una forma de vida»

Los jóvenes residentes se veían ayer contentos en la recepción del Chuac, donde también se colaba la expectación por lo que les deparará esta nueva andadura, «la más bonita, humana, de mayor sacrificio y generosidad», les anticipó la presidenta de la comisión de docencia, Rosario López Rico. Algunas pistas les aportó sobre «el noble oficio de transformar el dolor en esperanza», como que «es una forma de vida» en la que «no todo vale -les dijo-, detrás siempre hay una persona que sufre, no lo olvidéis».

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