Como A Coruña es una ciudad más bien plana, de andar en llano y sin sofocos, cuando nos ponen una cuesta delante nos pasa un poco como al cónsul alcohólico de Bajo el volcán: de pronto sentimos cómo la acera se levanta del suelo y se viene a estampar contra nuestra cara, aunque en el caso de Geoffrey Firmin el problema no era la cuesta en sí misma, sino el exceso de combustible que había repostado antes de subirla.

Calle Santo Tomás en Monte Alto
Calle Santo Tomás en Monte Alto

El Tour de A Coruña, además de mucho pavés, tiene sus Tourmalet y sus Alpe d’Huez. Uno de estos puertos de montaña es Pla y Cancela, que yo creo que es una calle a la que pusieron mucha pendiente para que, al llegar a la última curva, el viajero tenga la sed justa y necesaria para echar un trago en la taberna Os Bocois, que es lo que en las vueltas ciclistas se conoce como punto de avituallamiento, solo que a los de las bicis no les dan tazas de Ribeiro. Se ve que no son isotónicas.

Hay cuestas desaparecidas, como el Papagayo, que ahora es una escalera, y hay calles que ya llevan la cuesta en el nombre, como la Unión, San Agustín o la Palloza. Pero a estas no hay que temerlas, porque vienen de frente. A lo que más hay que temer cuando uno abandona la planicie de la Pescadería y el Ensanche es a los repechos. Porque uno va tan tranquilo por Fernando Macías y le da por girar hacia la avenida de Finisterre y de pronto se siente Indurain en los Pirineos. En A Coruña somos mucho de ese repecho rompepiernas, que te deja clavado en la acera, buscando un bar, un escaparate, una botella de oxígeno, lo que sea, para resoplar y recuperar el resuello.

Entre esas cuestas agazapadas en un barrio liso hay crueldades extremas, como la calle Julia Minguillón, que se sube a gatas y se baja a rolos. A Julia Minguillón hay que viajar equipado con piolet, cuerda de escalada e incluso crampones, por si llueve y el alpinista resbala acera abajo.

También hay barrios que son una pura cuesta. Si uno asciende al Castrillón, por ejemplo, luego se lo piensa mucho antes de volver a bajar. Porque igual tampoco hay nada en el resto de A Coruña tan interesante como para descender así a la ligera.

Entre los barrios en cuesta, nuestro San Francisco es Monte Alto, aunque su tranvía amarillo se quedó aparcado para siempre en las cocheras de la Torre. Uno trepa por Santo Tomás, Santa Cecilia, San Pedro o Santa Teresa -el santoral de Monte Alto es muy de ir cuesta arriba, será por lo del martirio-, uno escala por Pinares, Faro o Ramón Villamil, aferrado a los pomos de los portales y a los retrovisores de los coches para no caerse de espaldas, y sueña con ver aparecer en cualquier momento a Steve McQueen al volante de su Ford Mustang verde. Porque Monte Alto, más que un Tour, lo que pide a gritos es una persecución callejera y épica como en Bullitt.

Por Luís Pousa Coruñesas

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Steve McQueen en Monte Alto