El mercado en las nubes


Las meigas del mediodía, compradas por la mañana en la plaza de Lugo, se convirtieron en el aperitivo de un sábado de mercados. Ocurre siempre que pones el pie en uno de ellos, que vas a por unas xardas y acabas con calamares, unas parrochitas, esas meigas que te van a arreglar la comida, y ya que estamos, ¿me pones un sargo que lo hago al horno cualquier día de estos? No hay pescado mejor que el que sale de la plaza, aunque solo puedas ir los sábados y pierdas la cabeza y nunca respetes la lista de la compra.

Pero el ataque a los puestos de la plaza de Lugo solo fue el primer plato. La tarde se convirtió en un paseo por el Mercado das Nubes... las nubes del mercado de San Agustín. En San Agustín, el segundo sábado de cada mes, por la mañana los carros se mezclan con los mojitos y la música en directo, y seguro que los filetes y las lechugas no dan crédito con el sarao de la planta superior.

Pero una vez despachado el sargo, los tomates y las meigas, San Agustín, como todos los mercados por la tarde, tiene algo de barco fantasma, con las básculas vacías, ese resto de olor a comida que te recuerda que por la mañana todo era pescado, y voces, y quesos, y carritos de la compra. Aunque el pasado sábado, con ese aire de barco fantasma, decía, bajo los arcos de luz del mercado de San Agustín reinaban el mojito (con un inexplicable toque de mango), las croquetas, un pinchadiscos y todo lo que se puedan imaginar que hacen los artesanos de esta ciudad. Pajaritas, sudaderas, ropa de bebé, bolsos, bisutería, bicicletas, flores secas. Y chocando contra todas las piernas, un aluvión de niños escuchando un concierto. Alguno tan pequeño que hasta llevaba cascos... padres con marcha y prudencia a partes iguales que deciden que mejor que dar el biberón de la merienda en cualquier cafetería o sin salir de casa, a los críos hay que sacarlos a la calle a descubrir esos espacios que no solemos asociar al ocio.

¿Al mercado se va a comprar? Depende. En Madrid han hecho un mercadillo hasta en las tripas de una antigua estación de tren, llena de motores y máquinas. No solo nos gusta comprar o tomar una caña, nos gusta poder hacer todo junto y si es con música mejor. Y con los niños. Al mercado se irá a comprar, pero también a muchas más cosas. Hasta a marcarse una de postureo de sábado por la tarde, mojito en mano. Claro que si el postureo sirve para que una de esas personas que hace pajaritas, o estampa camisetas, o moldea un colgante, se convierta en un nombre a tener en cuenta, bienvenido sea. Y si además hace que quien nunca pisa un mercado ni para comprar una meiga ponga el pie en uno, ración doble si hace falta.

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