«Nuestro secreto está en que no hemos robado o despilfarrado ni un céntimo»

La oenegé que dirige Guillermo Fernández Obanza ha levantado dos escuelas en Senegal

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A Coruña / la voz

Acaba de renovar el carné de identidad por última vez, cosa que no le ha hecho demasiada gracia: «Son cosas que te pasan al cumplir 70 años», se lamenta resignado Guillermo Fernández Obanza, hombre sabio con pasado político que encontró un modo más efectivo de luchar por la justicia social a través de la oenegé Ecodesarrollo Gaia. Su salud ha sufrido recientemente una serie de duros reveses que no han conseguido apartarle de la lucha.

-A pesar de todo, sigue usted al pie del cañón.

-Los que nos dedicamos a estos temas tenemos una vocación contra la que no se puede luchar. Tengo muchos proyectos en marcha, y uno de los más importantes es el de no desaparecer por ahora. He bajado el ritmo, pero asumiendo las mismas responsabilidades y trabajos que antes. Y encantado de poder hacerlo, porque hubo momentos en que llegué a dudarlo. Pero en cuanto salí del hospital me fui a Senegal.

-No creo que se lo recetasen los médicos.

-Pues precisamente me fui con un grupo de médicos, catorce en total, así que iba amparado.

-Hábleme de la oenegé. ¿Cómo nace Ecodesarrollo Gaia?

-Fue hace unos 22 años. Antes hacíamos otras cosas relacionadas con el medio ambiente, pero en aquel entonces empezamos a ver que había una nueva problemática en A Coruña, y es que una ciudad que había sido centro neurálgico de la expedición de emigrantes se estaba convirtiendo en una ciudad receptora.

-¿Qué provocó esa situación?

-Lo que pasa en el sur es consecuencia del hiperconsumo del norte. África ha sido la que ha levantado el capitalismo occidental. El caso de la sobrepesca en Senegal es claro. La población aguantó la esclavitud y el colonialismo gracias a que tenían unos recursos que les permitían mantenerse, como era la pesca. Eran aguas tan ricas que pescaban a pie. Pero aparecieron las grandes compañías con sus buques monstruosos que esquilman todo y acabaron con la rentabilidad de la pesca artesanal. Y la población, al ver que no puede realizar su proyecto de vida en su país, huye.

-Y deciden ocuparse de esas personas que llegan aquí huyendo.

-Es que tenemos una responsabilidad histórica con toda esta gente. Son ecorrefugiados, es decir, refugiados del impacto que produce nuestro consumo desmesurado en sus países. No buscamos compasión, sino justicia. Lo que intentamos es crear una relación de amistad, buscar esa complicidad de los gallegos cuyos abuelos emigraron.

-¿No han tenido casos de racismo?

-El racismo siempre existe. Pero cuidado, no es una cuestión de color de piel, sino de dinero. Si aparece una estrella del fútbol negra como el carbón, nos sacamos todos el sombrero. Pero de todos los años que llevo en esto la conclusión que saco es que esta es una ciudad muy positiva y amistosa que asimila muy bien el impacto migratorio.

-Los inicios no fueron fáciles...

-Nuestra oficina era el quiosco que había al lado del Teatro Rosalía. Atendíamos allí, en plena calle, a todos los que requerían nuestros servicios. Y si llovía, nos movíamos a la sucursal, que eran los soportales del Rosalía. Los primeros con los que contactamos eran senegaleses, la gran mayoría pescadores. Así que les ayudamos a obtener el título correspondiente, y en estos años hemos formado a 151 pescadores africanos.

-Y han terminado creando la Escuela Coruña en Senegal.

-Llevamos ya catorce años con este proyecto, que tiene también un punto de asistencia sanitaria y funciona como una especie de centro cívico. Ahora hemos levantado con ayuda del Club de Leones Decano una segunda escuela, más grande, que ya está terminada. Y también una casa del mar que estamos terminando que va a ser regida por pescadores, mujeres saladoras y vendedoras, lo que es algo inaudito en África.

-¿Cómo se consigue todo eso con recursos limitados?

-El secreto está en que no hemos robado ni despilfarrado ni un solo céntimo.

-Tienen otro proyecto en Senegal, llamado Coruña Cura.

-Lleva funcionando diez años y ha atendido ya a más de 17.000 personas. Todos los años vamos con una docena de médicos, farmacéuticos y enfermeros de A Coruña con toda la medicación necesaria y lo hacemos en coordinación con el médico y el hospital local. Es una atención médica que tendrían que pagar y no pueden permitirse.

«Los voluntarios somos un bastión fundamental que hace funcionar la ciudad»

En la sede de Ecodesarrollo Gaia, en el número 3 de la calle Antonio Pereira, Guillermo Fernández Obanza habla de su pasado político como concejal en Oleiros y en las filas de Los Verdes con el desencanto de quien lo ha intentado pero no consiguió lo que pretendía.

-¿Por qué dejó la política?

-Porque es algo muy complicado. En política se actúa por valores éticos, o al menos así la concibo yo, pero hay que tener la espalda cubierta. Afortunadamente hay gente ética que sale adelante, pero no es mi caso, porque nunca tuve capacidad de maniobrar, no sirvo para la política. Quizás pequé de inocente.

-Pero se supone que es el foro idóneo para realizar una lucha como la que lleva a cabo en la oenegé.

-La política tiene una fuerza enorme, una capacidad absoluta para transformar las cosas. Pero por alguna razón no se hace. Si con cuatro duros hemos hecho desde Ecodesarrollo Gaia lo que hemos hecho, ¡qué no podríamos haber logrado teniendo poder y medios!

-Tal y como está el mundo actualmente, ¿mantiene intacta la ilusión y los ánimos?

-Hay muchos motivos para desanimarse, porque cada vez nos hacen más idiotas con esa nueva forma de gobierno que es el entretenimiento a través de los móviles, Internet... Pero no nos desanimamos por nada, porque sería perder la batalla, ceder terreno. Hay mucha gente buenísima que está trabajando voluntariamente y que son un motor para esta ciudad. Si dejasen de hacer su labor los que se ocupan de los enfermos, las prostitutas, los que no tienen nada... esto se vendría abajo. Los voluntarios somos un bastión fundamental que hace funcionar la ciudad.

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«Nuestro secreto está en que no hemos robado o despilfarrado ni un céntimo»