Salesianos, cien años siendo coruñeses

Termina el curso de los 100 años del centro en la ciudad. Maestros y alumnos recuerdan su paso por las aulas


redacción / la voz

A Coruña no se entiende sin los Salesianos. En este curso que ahora termina celebran el centenario en la ciudad y basta una mirada hacia el pasado para darse cuenta de la importancia de su presencia. No es solo que en sus aulas se formaron tres alcaldes (Liaño, López Menéndez y Losada) y dos rectores (Meilán y Armesto), ni que a través del centro Calvo Sotelo dieron formación profesional a miles de jóvenes. Es algo más. Primero en las Escuelas del Caldo y después en el Orzán, dejaron su impronta hasta tal punto que, como explica José Luis Meilán, en A Coruña «había dos grandes colegios, Maristas y Salesianos, que dividían casi geográficamente la ciudad».

El colegio al que fue Meilán Gil, y que terminó brillantemente en el 51, era muy diferente del que dejó hace cinco años Patricia Carballo para irse a hacer bachillerato al centro de alto rendimiento de Madrid, ya que además de en el aula, Patri destacó en atletismo y en fútbol. Hoy cursa tercero de Fisioterapia en la universidad Rey Juan Carlos de Alcorcón y milita en el equipo B del Atlético de Madrid. Recuerda del cole «lo bien que me trataba todo el mundo» y a sus amigos del alma. En eso coincide con Meilán. El fundador del Partido Galego Independente se reúne cada año con sus compañeros, con quienes recuerda al profesor suizo que además de Latín les enseñó a razonar, y las redacciones que todas las semanas le llevaron a amar la escritura (es autor de seis libros). Y si Meilán destaca «la meritoria labor social» que le ha valido al colegio la Medalla de Oro del Ayuntamiento de A Coruña, Anxo Calvo -economista y político nacionalista- señala su educación «no diálogo, a súa visión tolerante da sociedade, na busca do ben común». Calvo solo tiene palabras de cariño hacia Gregorio Crespo, un profesor tan estricto como honesto, que le inculcó el rigor: «As cousas, o as fas ben, ou non as fagas, nos dicía»; Daniel Moirón, «que deixaba os encerados coma se fosen cadros, con esas circunferencias milagrosas»; y a Rita Ventoso, «coa que descubrín a galeguidade».

Profesores «modernos»

Precisamente, Rita y Daniel se jubilaron en el 2016 y ella rememora hoy sus primeros momentos en el colegio «con mucha ilusión y expectativas pero, también, con la lógica preocupación por ser mi primer trabajo y por esas especiales circunstancias [una mujer joven en un colegio solo de chicos]. Sin embargo, pronto me sentí integrada en el grupo. Así durante 38 años». Ella tiene como recuerdo especial la incorporación del gallego a la enseñanza.

Otro profesor que dejó impronta en muchos alumnos fue Pepiño, maestro de Inglés. «Sus clases... no sé cómo clasificarlas, si modernas o antiguas. Una manera de enseñanza muy extraña: éramos 42 alumnos y cada uno tenía 15 notas por clase, y solo había tres notas, 0, 4 y 10». Lo dice Alberto Vázquez, cineasta y poseedor de tres goyas, quien cree que parte de su trabajo actual se debe a Xavi -«un moderno profesor de Religión» que les puso en clase Jesucristo Superstar-, y al peso del arte en su educación, con las veladas de fin de curso y manualidades hoy impensables «manejando máquinas que nos podían cortar los brazos».

Esas horas en Pretecnología tampoco se le olvidan a Miguel López @hematocritico, un agitador de las redes sociales, humorista y maestro de infantil. Este tuitero «riquiño» recuerda precisamente eso, las clases de José María, donde desarrollaban «lo que hoy se llamaría un proyecto»: «Desmantelábamos los pupitres viejos, y llevábamos los hierros en una carretilla al chatarrero de la calle del Sol, solos, niños de diez años. El chatarrero nos pagaba y nosotros le dábamos el dinero al profesor». EPV, Educación Física y Economía, todo en uno. Para López, los salesianos «respetaban bastante las inquietudes de cada niño, y eso es muy moderno». A él por ejemplo le animaron «a escribir la obra de teatro para el centenario de don Bosco».

Mujeres

También «visionario» es un calificativo que usa Nieves Abarca, escritora de thrillers, sobre el colegio. Ella, como las chicas en los ochenta, solo estudió COU en el centro, pero todavía hoy recuerda una media maratón en la que participaron profes, alumnos y otros: «Ahora está de moda correr, pero nosotros nos adelantamos. Recuerdo que mi madre me había regalado por mi cumpleaños unas Adidas de baloncesto blancas con rayas azules como las de Epi. Las elegí para la hazaña. Mala elección, pero en aquellos tiempos no había pronadores ni supinadores». Ni que decir tiene que se llagó los pies, aunque fue la segunda mujer «y me llevé un trofeo».

Y es que en esa época, mujeres en el colegio había pocas. Aunque no como en 1970, cuando contrataron a la primera profesora, María Eugenia. No le resultó difícil integrarse, aunque anota como un hito cuando, muchos años después, el colegio pasó de masculino a mixto. También califica de gran cambio la entrada de los padres en los consejos escolares y el que los «niños hoy están demasiado tutelados». No como en los sesenta. Amador, profesor hoy retirado pero imprescindible en la vida colegial, alude a cuando en cada clase de 5.º de bachillerato (14-15 años) tenía 66 alumnos. «Era más fácil dar clase a 66 que hoy a 25», dice con sencillez, porque entonces «si uno se desviaba le decías ‘¿No tendré que hablar con tu padre?’ y él contestaba ‘¡No, por favor, con mi padre no!’. Y listo».

Aunque Salesianos fue un colegio estricto, como era la sociedad entonces. Pero es muy raro encontrar quién eche en cara al centro su exigencia. Tal vez la clave la tiene Pepe, que lleva 30 años de manitas: «Cuando llegan las vacaciones es una delicia, me da tiempo a hacer de todo. Pero después empiezo a echar de menos a los alumnos. Sin ellos, esto es muy triste y aburrido», o como dice Reyes González, coordinadora de los actos del centenario: «Aquí a los niños se les quiere».

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