Un siglo en las aulas de la Compañía

El colegio celebrará su centenario desde el viernes, con actividades en las que participarán un millar de personas


A Coruña / La Voz

«Estos cien años para mí suponen muchísimo porque yo he sido alumna de este colegio; he sido profesora durante muchos años y soy religiosa de la Compañía de María, de manera que tengo todas las vinculaciones como para estar especialmente contenta con esta celebración». Esto cuenta Carmen Lema, nacida hace 87 años y que con 7 entró en el centro coruñés de la Compañía de María, que los próximos días 5 y 6 celebra su centenario. «Estuve en el colegio interna, porque al ser de Malpica no quedaba más remedio, hasta que terminé el bachillerato», evoca esta licenciada en Filosofía y Letras que, cuando sus exalumnas, algunas profesoras del centro ya jubiladas, destacan el clima de libertad en el que fueron educadas, apunta una frase del ideario del centro: «Non todas calzan o mesmo pé», para señalar cómo a cada alumna se la trataba de forma personal.

Carmen Lema mantiene relación con la gente del colegio, suele estar en la biblioteca y ayuda en el comedor de pequeños, donde atiende a los hijos de sus exalumnos. Es el caso de Marta Yanguas: «A mí me dio clases de latín y de gallego», cuando este no era obligatorio, «y este colegio fue pionero; estaba aquí Susana López Facal, que es profesora de instituto, y entre las dos dábamos clases de literatura gallega», dice Carmen. Marta empezó con 6 años en el colegio de la Compañía en Ferrol, «aquí vine con 8 años, hasta que terminé BUP, porque no había COU, que lo hice en el instituto. Mis hijos estuvieron desde los 4 años, hasta que acabaron». Además, «mis hijos son la quinta generación de la misma familia que viene al colegio: vinieron mi abuela, mi madre, mis tías, mis hermanas y yo. Y mis hijos, y además tengo una tía, monja de la Compañía».

También exalumna es Gloria María Palacios, «la presidenta de la asociación de antiguas alumnas... Bueno, hay algún chico, cuando yo estudiaba no había chicos». Y aunque durante tantos años son miles de escolares los que han pasado por el colegio, en la asociación «somos más de trescientas personas» pero esperan que aumente el número.

En segundo de bachillerato daba clase a «tres cursos de 40 o 45 cada uno», recuerda Carmen Lema. De todos modos, «lo malo era corregir los ejercicios».

Javier Abad, exalumno y profesor apunta que ahora tienen «25 alumnos en primaria, y en secundaria unos 30 por aula; y hay tres aulas por cada curso». Uno de los escolares es Miguel Fernández Lema: «Llevo aquí toda la vida, desde los 4 años. Igual que mis hermanos, mis primos...». Y detalla: «Mis padres no vinieron porque no son de A Coruña pero hay compañeros míos que sus abuelas ya venían aquí, sus madres, tías... Es ya una tradición».

El centro comenzó en O Corgo, en Oza, con la labor de diez religiosas enviadas desde Orduña

«Unha fundadora: Josefina Aguirre de Olaeta, acompañada de nove relixiosas». Así empieza la historia de la Compañía de María en A Coruña que está contada en varios paneles colocados en el centro. Era el año 1917 y las monjas llegaron desde Orduña, en el País Vasco, como «resposta a unha necesidade: a educación cristiá das mozas». Uno de los mediadores, detallan dichos paneles, fue Antonio de Irimo, cuya hija sería la primera alumna del centro, que en un principio estaba ubicado en O Corgo, en lo que hoy es parque de Oza. Allí estaría ocho años, hasta que en 1925 pasaría a ocupar el primer edificio en Ciudad Jardín.

Durante seis décadas fue un centro para alumnas, y desde el año 1977 dejó de ser solo femenino. «Son lo nacidos en el año 1973», explica el profesor Javier Abad. Esta fue la incorporación oficial de niños, apunta Carmen Lema, «pero cuando yo estaba en el colegio había un grupo de alumnos, entre ellos el padre Joaquín García de Dios, que va a venir a celebrar la eucaristía el sábado, que estaban hasta que hacían la primera comunión».

Desde la Academia Galicia

Alude a que la Academia Galicia, en la plaza Maestro Mateo, «era el colegio que estaba más cerca y los alumnos de la Academia y las alumnas de la Compañía solían tener bastante relación. También los profesores. De hecho, yo tuve profesores masculinos y recuerdo con especial cariño a Carlos Seoane, que fue luego director de la Academia Galicia, y era una institución».

Gloria Palacios desmonta el mito de la mala relación con escolares del entorno: «Todo lo contrario. Tenía una amiga que vivía en un chalé que ahora es de los franciscanos. Y nosotros íbamos s su casa y ligábamos con los de Franciscanos».

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