Héctor Castro: «La gente pide medicamentos que busca en Google»

El presidente del Colegio de Farmacéuticos asegura que tener una botica «no es un chollo como mucha gente piensa»


Una y otra vez la figura de su padre aparece en la conversación. Es lógico, apenas pasó mes y medio desde que falleció. «Veníamos a caminar por el paseo marítimo y normalmente llegábamos desde Maestro Mateo a los surfistas», comenta Héctor Castro Bernardino, farmacéutico e hijo del añorado Héctor Castro Ramos, que abrió la botica en Monelos en 1975, donde su hijo sigue con el negocio. «También tengo una hermana farmacéutica, y mi pareja, que trabaja en el hospital, también lo es. De hecho nos conocimos en un curso en el Colegio de Farmacéuticos», comenta este coruñés que desde hace tres años preside el colegio en cuya sede conoció a su compañera sentimental y madre de un niño de 10 años. Charlamos en el Culuca de la avenida de Arteixo, cerca de varias farmacias. «En A Coruña tenemos un nivel alto. Se han cuidado mucho y hay muy buenos profesionales. Un dato curioso es que es una profesión muy femenina, el 70 % son mujeres», asegura Héctor, que tomó el relevo de Ofelia del Amo y Rosa Lendoiro al frente del colectivo farmacéutico, del que ya era secretario de la junta en el 2010. «La política ni la contemplo. No me ha tirado nunca», dice.

Cerca de los 40

En noviembre le caen los 40. «No me siento en crisis. A veces creo que soy más joven de lo que soy». Estudió en la Compañía de María y, aunque la influencia familiar era muy grande, dudó entre hacer Veterinaria, Arquitectura o Farmacia. «La Arquitectura y el Diseño me siguen gustando hoy en día y lo de atender animales me lo quitó mi padre de la cabeza llevándome a una granja», recuerda sonriente. De figura y barba quijotesca, dice que hasta los 15 años fue «gordito. Y tenía querencia a comer lo que no fuese sano. Siempre tuve el colesterol al límite. Es bueno hacer ejercicio para mantenerlos a raya, pero hay colesteroles que no se reducen recorriendo el paseo marítimo todos lo días», analiza. Dice que practicó bastantes deportes y «estuve en el equipo de baloncesto del colegio, aunque mi papel casi era de mascota. Le di a todo, y bien a nada. Desde que tuve una fractura en el hombre no hago deporte. El médico me recomienda que me mueva y me recuerda que casi tengo los 40».

Anécdotas de botica

«Cada vez me gusta más mi trabajo. Creo que la clave es ponerse en la piel del otro. Tengo paciencia para escuchar», comenta. Dice que conoce la medicación de sus vecinos y sus enfermedades, y que en la botica ayudan incluso a arreglar asuntos que nada tienen que ver con la asistencia sanitaria «Vienen a la farmacia cuando tienen un problema. Te cuentan confidencias personales», apunta. «La gente va a la consulta del médico menos de lo que debiera y después piden medicamentos que buscan en Google o que les recomienda una vecina. Hay demasiada gente que descontrola con la medicinas», analiza Héctor, que compagina su labor detrás del mostrador con su responsabilidad colegial. «Es más complejo de lo que parece cuando estás fuera», reflexiona. Entre unas cosas y otras le queda poco tiempo libre. «Cuando puedo hago alguna escapada. La afición por viajar me la inculcó mi padre». Le gusta la música. «Soy de los del Brit Pop. Sigo a Alt-J y The Exx y a los Planetas. Pero acabó de comprar las entradas para Franco Battiato y me hubiera gustado ver en concierto a David Bowie», analiza este coruñés que cree que su principal virtud es que empatiza con la gente. Entre sus defectos destaca el que le achacan siempre sus amigos: «que soy rencoroso. Aunque tengo mala memoria». Una y otra vez vuelve al tema de la farmacia. «España es el país de la OCDE con más farmacias por habitante. Pero tener una farmacia no es un chollo como mucha gente piensa».

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