El motín de las cigarreras que obligó a movilizar tropas de infantería

En 1857, trabajadoras de Tabacos subieron al tejado de la fábrica, rompieron máquinas y tiraron al mar sus pedazos y el tabaco


No sabemos con exactitud cuántas mujeres trabajaban en 1857 en la fábrica de Tabacos de A Coruña. Según el diario El País de Pontevedra, eran unas cuatro mil operarias, según El Diario de Córdoba, se aproximaban a unas tres mil. Ambos exageran; no había datos estadísticos oficiales y la prensa nos da una cantidad aproximada, indicándonos que eran, como mínimo, varios miles. Estas cifras ponen de manifiesto que las cigarreras coruñesas formaban de aquella, y durante mucho tiempo, el mayor colectivo obrero de Galicia reunido en una sola instalación fabril.

Laboraban a destajo, es decir, que cobraban por cigarro elaborado, lo que las obligaban a ser rápidas y hábiles en esa tarea si querían conseguir un modesto jornal. Y estaban descontentas. Las nuevas exigencias de la dirección y los cambios provocados por la nueva elaboración de cigarrillos hicieron que ganasen menos.

Ante la falta de soluciones, los ánimos se fueron caldeando. A las 11 de la mañana del lunes 7 de diciembre de 1857 las cigarreras se amotinaron. Abandonando sus puestos de trabajo se dirigieron a la nueva sección donde se picaba el tabaco y se elaboraban las cajetillas de pitillos. Allí lo destruyeron todo. El tabaco en hoja o ya picado así como los cigarrillos elaborados fueron tirados al suelo y pisoteados o arrojados por las ventanas al mar, que de aquella bordeaba la fábrica.

Reventada la caja del dinero

Las nuevas máquinas para picar el tabaco fueron también destruidas y sus pedazos lanzados al agua. Lo mismo sucedió en las oficinas y dependencias del contratista, siendo hechos añicos los muebles, papeles y libros. Además fue reventada la caja del dinero, donde se decía que había unos veinte y ocho mil reales.

Enteradas las autoridades de lo que sucedía, el capitán general y el gobernador civil enviaron tropas de infantería y caballería para sofocar el alboroto.

Encerradas en la fábrica, grupos de cigarreras se subieron a los tejados desde donde arrojaron gran cantidad de tejas al suelo, destechando una porción del edificio.

Las tropas lograron entrar y controlar la situación. Algunas cigarreras, en medio de la confusión, pudieron escapar, pero la mayoría fueron inmovilizadas.

Después de abrir diligencias el juez de primera instancia y tomar declaraciones, las no sospechosas fueron abandonando la fábrica en pequeños grupos. A las cuatro de la tarde todo había acabado y las tropas vuelto a sus cuarteles.

Quedaron detenidas, según El País de Pontevedra, unas veinte y tantas mujeres, y según La Corona de Barcelona, treinta y tantas y algunos hombres.

Todas las detenidas fueron trasladadas por mar en falúas desde A Palloza hasta la antigua cárcel situada en O Parrote.

Las autoridades trataron de evitar las posibles protestas que pudiese causar el traslado de presas por las calles coruñesas. Aún así, al llegar la primera falúa al desembarcadero de O Parrote, varios grupos de mujeres apedrearon a los carabineros que escoltaban a las cigarreras detenidas, pero un piquete de la Guardia Civil las dispersó, continuando su desembarque y encarcelamiento.

El motín de las cigarreras no lograría parar los nuevos métodos de producción de pitillos.

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