Riña tabernaria con resultado de muerte

Una discusión sobre los hábitos alimenticios de un cuadrúpedo, bien regada con cuartillos de vino, se zanja de forma trágica. ¿Accidente u homicidio?


Redacción / la Voz

Lo que ocurrió en la taberna de José Vázquez allá por 1887 es prueba de que el trasiego desmedido del bocoy al gaznate suele ser fuente de problemas. Y en ocasiones, de tragedias, como es el caso. Porque armado de las razones de Baco, uno de los hombres que se encontraban junto a la barra promovió una discusión cuyo punto final lo puso su propia muerte.

El relato del suceso lo extrajo La Voz del juicio por homicidio que se siguió después en la Audiencia coruñesa. Comienza con la llegada del procesado, de nombre Ventura, «y otro que lo acompañaba» al establecimiento, situado en el Ventorrillo, en el antiguo municipio de Oza, «que suele dar la nota del suceso sangriento especialmente los sábados y domingos», decía el periódico con motivo de un incidente ocurrido en similares circunstancias algunos años más tarde.

El primero que declara en la vista es el acusado, que explica que de camino a sus casas decidieron hacer un alto en la taberna «y pidieron un cuartillo de vino». Antes de entrar, el compañero de Ventura amarró ante la puerta al involuntario y principal protagonista del jaleo: su caballo.

«Encontraron allí al Blas [...] con otros, el cual promovió (efecto de su estado de embriaguez) una disputa». Decir que el motivo de la discusión era de lo más peregrino es un eufemismo, como se verá. Poco tardó el hombre en empezar a insultarlos, «por lo que se marcharon, saliendo tras de ellos el Blas y dirigiéndoles aún más insultos por la carretera. En vista de que no le hacían caso se adelantó y cogió al reo por las solapas de la chaqueta, [...] y al separarlo de sí, se cayó al suelo sin pronunciar una palabra, por lo que continuó el acusado hasta su domicilio, donde supo al siguiente día que el Blas había caído muerto. Asegura no saber nada más acerca del hecho y niega que él le haya causado herida alguna al finado». A la pregunta de si la caída «sería por efecto de embriaguez», contesta que «eso cree». 

El caballo no quiere sardinas

Tras él declara la esposa del finado, que «después de llegar al lugar del suceso se abrazó a su marido, preguntándole quién le había hecho aquella herida tan grave, oyendo decir a diferentes personas que había sido Ventura [...]. Le dijeron también que el golpe dado fuera con un paraguas. No pudiendo añadir más acerca del particular, y sí que las sardinas que su marido tenía en un cazo las había llevado por la mañana de casa». Lo de las sardinas parece anecdótico, pero tiene su importancia.

Habla ahora el tabernero. «Recuerda que se promovió una disputa [...] iniciada por el Blas, que decía que el caballo que estaba a la puerta comía sardinas saladas».

El propietario del animal arroja más luz con su testimonio. «Manifiesta: que entraron él y Ventura en la taberna [...] pidiendo un cuartillo de vino y entre otros hombres de los que había allí, que el declarante no los conocía, salió uno que se puso a disputar con el Ventura sobre si su caballo comía sardinas saladas, viéndose obligado el que depone, por librarse de riñas y cuestiones, a meterle una sardina en la boca al caballo, y notando el Blas que las echaba fuera, empezó sin otro motivo a dirigirles insultos, retirándose con el Ventura, y otro que encontraron al salir de la taberna, el que declara; quedando blasfemando e injuriándolos el Blas, llegando hasta el extremo de seguirlos por la carretera, y viendo que no le hacían caso, cogió al procesado de la chaqueta, y al querer este separarlo, cayó al suelo, no causándole herida con arma ni instrumento alguno». 

«Quítate allá»

Un vecino que pasaba por el lugar lo corrobora en el juicio. «Vio ir por la carretera a Ventura [...] y otros dos, caminando tras ellos otro hombre que se puso delante a los pocos pasos y cogió al Ventura de la chaqueta, en vista de lo que se adelantó el que declara y le oyó decir al Ventura, 'quítate allá, no me rompas la chaqueta', separándolo con una mano, cayendo el otro al suelo, juntándose este seguidamente a los demás y continuaron el camino».

Son los forenses quienes en la segunda sesión del proceso, al día siguiente, le dan la clave al tribunal para decidir entre accidente y homicidio. Dan por seguro que las heridas mortales de Blas se producen de forma fortuita, que se las hace al caerse, y descartan que se deban a un paraguazo. Así, el fiscal modifica su calificación y Ventura es absuelto del homicidio de... «su primo».

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