Temor entre los emigrantes coruñeses en Suiza al tener que dar cuenta de los bienes que tienen aquí y posiblemente pagar atrasos

S. G. CARBALLO / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

06 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

El pasado viernes por la noche, el mítico local que la Asociación de Trabajadores Españoles En Suiza (Attees) tiene en Delémont (la pequeña Costa da Morte helvética, un municipio del cantón de Jura con una histórica emigración coruñesa) estaba abarrotado de emigrantes de la zona. Asistían a una conferencia sobre el convenio firmado entre Suiza y la Unión Europea sobre el intercambio automático de datos fiscales, que entró en vigor el 1 de enero. Fue impartida por tres representantes del cantón de Jura, impresionados por la cantidad de reacciones y preguntas de los asistentes. Ayer hubo otra charla sobre el mismo tema en Laufen a cargo de un abogado, y habrá más.

El desconcierto y el temor se han apoderado de miles de extranjeros que viven en Suiza desde que este país tiene acceso a los datos fiscales que sus residentes tienen en su país de origen (y al revés), ya que ese patrimonio se tiene en cuenta a la hora de pagar los impuestos cantonales y locales. Y entre esos residentes, los emigrados de la Costa da Morte ocupan un peso importante (es la principal comarca española con emigrantes en Suiza) no se libran de ese temor, de ahí las enormes afluencias a estos actos, y las consultas a las gestorías y los sindicatos, sobre todo a Unia.

No es un doble impuesto

La clave está en que la declaración de bienes es obligatoria a la hora de calcular los impuestos que se pagan en Suiza. No se trata de un doble impuesto (existen convenios para evitar la doble imposición sobre un mismo patrimonio) sino que la renta que habrá de abonarse tendrá en cuenta la capacidad económica de cada contribuyente. Hasta ahora, muchos no lo hacían ante la evidente dificultad para conocer las cuentas o las rentas en su país de origen, pero ahora los bancos están obligados a facilitar esos datos.

Durante todo este año, quienes no hayan cumplido deberán cumplimentar una declaración (allí se denomina autodenuncia, aunque es más propio la autoliquidación) sobre su patrimonio (lo que sea obligatorio declarar) en los diez últimos años (o los que lleven en Suiza). Con esos datos, deberán pagar todos los atrasos en función del baremo real que le habría correspondido, sin multa, una especie de amnistía que durará solo este año.

Hay mínimos a partir de los cuales no es obligatorio pagar nada, un tema extremadamente complejo porque varía por cantones. Puede darse el caso de que en algunos sea obligatorio si la cantidad está por encima de los 50.000 francos, y en otros, por encima de los 250.000.

Los expertos recomiendan consultar cada caso, entre otros motivos porque también hay notables diferencias por municipios. Tampoco el tratamiento es el mismo en función del permiso de residencia o de trabajo que cada uno tenga. Las herencias solo se computan para ese baremo por tres años. En caso de no hacer estas declaraciones y ser cazado, el infractor se arriesga a un procedimiento penal.

Después de los cambios legislativos del año pasado que restringen la inmigración, por muy poco que se defraude, un extranjero se arriesga a la expulsión y a tener vetado su regreso al país durante varios años.

Tampoco tienen un panorama optimista quienes cobran prestaciones sociales en función de su renta en Suiza, pero sin declarar sus posesiones españolas, en caso de que alcancen esos mínimos.