Dolce Vita, el primer cadáver tras una expansión sin medida

El centro lleva más de tres años cerrado después de que no prosperara el proyecto para convertirlo en un gran espacio de ocio


A Coruña / La Voz

«Eso está para hacer una película de zombis, de hecho me parece que ya hay una que transcurre en un centro comercial». Así resume una antigua usuaria la actual situación del Dolce Vita, que pasó de ser el más grande de la ciudad al cierre y actual abandono. Y es que cuando el 16 de octubre del año 2008 abrían estas instalaciones, que ocupan 62.000 metros cuadrados, se convertía en el de mayor tamaño de A Coruña. La inversión había sido de 162 millones de euros, contaba con 114 locales y sus promotores sostenían que el número de empleos, sumados directos e indirectos, estaba cerca de los 4.000.

Todo ello es historia después de que hace poco más de tres años, el 30 de enero del 2014, el grupo Chamartín lo cerrara. Desde entonces, los únicos que han sobrevivido son los hierbajos que, cada vez con mayor tamaño, pueden verse ante las instalaciones clausuradas.

El deterioro en diversos elementos de la fachada es evidente y desde el cierre solo se habló, como un posible proyecto, de dedicar estas dependencias a locales de ocio. Era una iniciativa que nacía empujada por el cierto éxito que habían conseguido otros locales nocturnos como Los Cantones Village. El motivo de que no prosperara la idea fue, según sus impulsores, la falta de financiación.

Esto hizo que Dolce Vita se convirtiera en el primer cadáver comercial de aquel despliegue de grandes superficies por la ciudad, argumentando sus promotores que las causas que les llevaron al cierre habían sido hechos como que al año siguiente abrió Espacio Coruña, que empezó a restarles clientes, y después vino el agravamiento de la crisis económica, además de la apertura de otro centro comercial que le superaba en tamaño, el gigante Marineda.

También Los Cantones Village han ido languideciendo desde hace un tiempo. «No hay ninguna tienda, solo los cines, los pubs y la discoteca», apunta un vigilante que recorre las instalaciones casi en penumbra. Un paseante entra al centro para utilizar los baños y dos paisanos, sentados al lado de lo que en su día era un juego infantil y que sigue con su música monótona, comentan los achaques de un amigo común. A su lado, un cartel indica las plantas con las que cuenta el centro y algunos detalles sobre la distribución de unas dependencias infrautilizadas durante el día pero que durante las noches está recibiendo cada vez más clientes.

Además de los espacios para el ocio de la tarde noche, desde hace unas semanas uno de los locales está ocupado por un rastrillo solidario que busca fondos para ayudar al funcionamiento de la Cocina Económica. Curiosamente, también sigue abierta la oficina municipal de rehabilitación de vivienda que, como se descuiden los responsables de las dependencias, acabarán teniendo que rehabilitar también.

Los responsables de algunos de los locales de esta céntrica superficie se marcharon dejando mensajes a sus clientes: «Nos trasladamos a Espacio Coruña».

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