Ciudad en parálisis permanente


Cuando el Hortensia agitó sus largos brazos en 1984 para poner la ciudad patas arriba, un vecino de Perillo telefoneó a nuestra casa para alertar: «Estoy viendo pasar el tejado de vuestro galpón por delante de la ventana». Ayer me vino a la cabeza aquel recuerdo al conocer que eran los residentes en Ciudad Escolar los que veían desfilar por delante de sus narices la cubierta de Riazor.

Y si bien a muchos nos da vergüenza que A Coruña salga en todos los telediarios como la ciudad que no es capaz de acoger un partido de Primera División porque el estadio municipal se cae a pedazos, lo que de verdad preocupa es la inseguridad que esto representa para los ciudadanos que pasan a diario por allí delante, con el riesgo de que, además de lluvia o granizo, sean trozos de uralita lo que precipite sobre sus cabezas.

Y no será porque el gobierno local desconociese el mal estado de la instalación, putrefacta ya en la temporada anterior. El BNG, socio de la Marea en el gobierno, acusaba ayer al ejecutivo local de ser el «único responsable» de lo sucedido, después de que el Bloque avisase en abril del riesgo que se estaba corriendo, y a la vista de que el concejal de Culturas anunciase hace unas semanas que la cubierta no estaría lista hasta el 2018.

Pero parece que al menos los remiendos habrá que ponerlos antes. Como en la cafetería El Remanso. El lunes fueron los vecinos de Cuatro Caminos lo que vieron pasar por delante de sus ventanas el cadáver de la instalación, otra ruina a la espera de no se sabe muy bien qué para ser arreglada. Los cristales que se desprendieron de la parte alta cayeron junto a la parada del bus. Entonces es cuando se envía a los técnicos, se precinta el lugar...

Y ese es el problema de fondo: la sensación de que la ciudad vive hoy en una parálisis permanente que la bloquea, y que nadie actúa hasta que algo se desmorona. El propio BNG denuncia que de las 57 obras previstas por el gobierno local para los barrios durante el 2016 se han completado tres, y 41 ni siquiera se han iniciado.

La baja ejecución de los presupuestos genera la inacción que percibe el ciudadano y que se traduce en el retraso de las obras de Alfonso Molina, en que las calles estén acribilladas de baches, en el desplome de las licencias de obras... con 12 millones de euros del presupuesto de urbanismo sin gastar, con 6,5 millones del de regeneración de empleo sin utilizar...

Y hoy, con Riazor como telón de fondo, se celebra en María Pita el pleno de la cuestión de confianza a los presupuestos, con un nuevo capítulo de esta parálisis inquietante. Y mientras se debate qué hacemos con el dinero, no estaría de más que alguien se asomase a una ventana para ver qué cubierta pasa esta vez por delante.

Por alfonso andrade coruñesas

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