«El Picasso coruñés ya no es un niño aficionado sino que es el artista»

El profesor Juan José Lahuerta defiende la importancia que el arte románico tuvo en el camino del pintor hacia el cubismo


Mañana, 2 de febrero • Fundación Barrié, Cantón Grande • 20 horas • Entrada libre • «En el 2015 hubo una magnífica exposición en A Coruña, una puesta en valor de la época coruñesa de Picasso, que es un niño pero en el momento en que realiza las primeras obras de artista. Hace su primera exposición, vende sus primeras obras, hace sus primeros retratos. Yo creo que el Picasso coruñés ya no es un niño aficionado sino que es el artista, sabe que ese va a ser su camino, y eso ocurre en A Coruña. Además, hay otra cosa importante: la relación con su padre es la de quien todo lo ve a través de lo que su padre le dice. Va a ser clave, en un sentido positivo, porque Picasso es un artista con una formación académica muy sólida como pocos artistas modernos. Su padre quería hacer de Picasso el artista que él no pudo ser. Y contra eso Picasso se rebela muy jovencito y construye su propia personalidad rápidamente gracias a este poder de la enseñanza académica, y también a su rechazo de la enseñanza académica que en realidad no le impide conocer todo lo que la enseñanza académica le tiene que enseñar». Nadie menosprecia ya la época gallega, asegura el profesor Juan José Lahuerta, director de la Cátedra Gaudí en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, que participa mañana en el ciclo Del presente al pasado. Vanguardia y tradición en el arte español contemporáneo con una charla sobre Picasso y el arte medieval.

Porque Lahuerta concede una gran importancia al amor de Picasso por el arte románico -un aspecto bastante desconocido- en el camino hacia el cubismo. Cuando vivió en Barcelona, en los primeros años del siglo XX, fue el momento histórico en que se descubre el arte románico de los Pirineos. Es muy conocida su admiración por Grünewald (y su retablo de Isenheim), que le lleva a realizar una serie de dibujos que publicó en los años 30 en Minotaure. Y la verdad -anota el profesor- el pintor nunca dejó de sentir esta atracción por el arte medieval.

Hay tres hitos en esta relación, explica: en 1902-1903, período que Picasso pasó casi íntegramente en Barcelona, el Ayuntamiento organiza una gran exposición sobre arte antiguo -la mayor parte era arte medieval y gótico-, y él visita la muestra y hace dibujos relacionados con algunas de esas tablas. En 1934, la última vez que estuvo en España, acude al Museo de Arte de Cataluña, ya ubicado en el palacio de la exposición del 29, donde ahora está el Museo Nacional. Allí Picasso pudo ver instalados los ábsides, los frescos románicos... Aparecieron en la prensa sus comentarios sobre la importancia del románico como arte del origen. Entremedias, en la primavera de 1906, pasó una temporada en Gòsol, un pueblecito entonces remotísimo del Pirineo catalán, justo en el momento en que la junta de museos de Barcelona envía las primeras expediciones para buscar, recuperar piezas románicas, y comprar, porque estaban abandonadas.

Lahuerta está seguro del peso que este retiro pirenaico tuvo en su salto al cubismo. «Él había estado intentando rematar en París el retrato de Gertrude Stein, que deja inacabado. Viaja en mayo a Barcelona, y se va a pasar varias semanas a Gòsol. Allí es donde empieza su gran transformación. Hay un cuaderno y un montón de obras que demuestran cómo comienza a realizar un arte más esquemático y monumental en el que aparecen muchas influencias... Se ha tratado el influjo de la escultura ibérica en ese momento, pero se olvida que entonces estaba viendo románico. Y esa relación es muy fuerte. A su regreso a París, a mitad del verano, pinta el retrato de Stein como una máscara. Y pocos meses más tarde, Les demoiselles d’Avignon». El románico es uno más de los primitivismos con que Picasso trata: la escultura ibérica, el arte románico, la escultura egipcia que iba a ver al Louvre.... y, poco después, la africana.

Frente a lo que ocurre con estas manifestaciones artísticas, de carácter colectivo, en las que no han trascendido nombres, Lahuerta entiende que es muy difícil ver arte -sucede con Picasso- sin reconocer a su autor en el arte moderno. Este, dice, es una expresión subjetiva del artista, un fenómeno que comienza en el Renacimiento.

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