El caso de las merluzas averiadas

La aparición de pescado fresco infestado de gusanos despierta gran inquietud en A Coruña. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si se puede comer o no


Redacción / la Voz

Las preciadas merluzas del Muro se convierten de un día para otro en «género averiado». Una breve noticia en La Voz -que aprovecha para reclamar a las autoridades más control sobre los alimentos- hace saltar la alarma: hay a la venta peces con las entrañas «cubiertas de gusanillos».

Eso pasa un lunes. El jueves, el periódico ya recoge la creciente inquietud entre los consumidores. «Hace días que los vecinos se hallan preocupados con algunas merluzas que se expenden en la plaza de abastos y que, á pesar de estar frescas, contienen gusanos en las vísceras», dice. Y prosigue: «En muchas casas las han devuelto, en otras las han arrojado á los polveros y en la mayor parte dieron órden de no comprarlas, demostrando todos una natural repugnancia á tan sustancioso pescado». El problema adquiere tal dimensión que el periodista le lanza un mensaje al alcalde -«¿Ha tomado alguna determinación para calmar la justa ansiedad de los vecinos?»- y otro a los médicos higienistas -«¿Qué hacen que no examinan las merluzas?»-. De lo que se trata es de saber a ciencia cierta si ahora las caldeiradas «son ó no perjudiciales á la salud».

La intensidad del reproche aumenta cuando la redacción tiene noticia de que el regidor ha encargado análisis y que «en el dictámen facultativo se hacía constar que dicho pescado era nocivo». Pero el resultado no se ha hecho público, así que La Voz vuelve a la carga: «¿Qué les importa á los vecinos de la Coruña -dirá la autoridad local- que sea o no sea saludable el pescado? Como lo sepa el alcalde, basta».

Al fin, transcurrida una semana desde el inicio de la crisis alimentaria, el presidente de la corporación municipal se da por aludido y remite a la prensa un documento «referente a los gusanos de que se hallan acometidas las merluzas». Los autores del estudio, dos farmacéuticos, explican: «No encontramos ninguna sustancia ni cuerpo extraño que pudiesen perjudicar á los que usen como alimento dicho pescado, solamente en la cavidad abdominal había multitud de gusanos cilíndricos, blancos, de uno á dos centímetros de largo y de un milímetro poco más de grueso, y las vísceras contenidas en la misma se encontraban acribilladas de los mismos gusanos, exterior é interiormente. Todos los caractéres que presentan los gusanos son los que corresponden á los helmintos del género ascáride, aun cuando en el género no estemos muy ciertos». Entonces, ¿es comestible o no la merluza? «No nos atrevemos á dar una opinión cierta y segura», dicen los expertos. Aunque matizan: «Suponemos que á la temperatura á que se somete la merluza, al condimentarla para usarla como alimento, morirán dichos helmintos».

Quince días más tarde, tercia la comisión de asuntos médicos. «Desde tiempo inmemorial viene observándose, no solo en la merluza, sino también en algún otro pescado, sobre todo en determinadas épocas del año, la presencia en la cavidad abdominal y cabeza, de un mayor ó menor número de gusanos, sin que á pesar del uso continuo de dicho alimento, tenga noticia de que haya producido alteración alguna en la salud pública», sentencia.

Y en julio, con el problema aún irresoluto, La Voz aprovecha la noticia de que «el sabio naturalista D. Víctor López Seoane» ha descubierto «una nueva serpiente de mar» para aventurar que, quizás, «este esclarecido hijo de Galicia» llegue «á clasificar los gusanos de la merluza que tanto preocupan la pública atención. ¿Serán ó no nocivos para la salud estos bichos por hoy inclasificables?».

La pregunta queda en el aire. No será hasta un centenar de años después cuando en el periódico aparezca por primera vez la palabra anisakis.

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