El bar de debajo de casa


En A Coruña, todos tenemos un bar debajo de casa. Hay tantos bares en los bajos de los edificios coruñeses que hubo un momento que incluso llegamos a pensar que había más bares que pisos. Yo recuerdo que Padornelo, antes de la autovía, tenía dos bares-tienda de carretera y durante el invierno había más bares que habitantes porque los dueños de las tabernas vivían en otro municipio y en el pueblo solo quedaba mi tía abuela Patro, así que los bares ganaban por dos a uno. Aunque lo intentamos con empeño y ponemos mucha sed de nuestra parte, en A Coruña todavía no hemos alcanzado esa cima de la hostelería mundial que supone tener el doble de bares que de vecinos. Lo que cultivamos aquí como nadie es el género del bar de debajo de casa. Uno se da cuenta de esa proliferación cuando, por Navidad, se propone reducir al mínimo la compra de lotería y tiene la osadía de anunciar en público sus buenos propósitos:

-Este año solo compro un décimo en el bar de debajo de casa.

Luego llega el 23 de diciembre y, mientras pasa los décimos no premiados por el escáner del lotero, cuando ya suma doscientos euros tirados a la papelera, se da cuenta de que tiene al menos diez bares debajo de casa. Porque el coruñés para a diario en el bar de debajo de su casa, pero tampoco deja de abrevar en el bar de debajo de casa de su madre, de sus suegros, del curro, y por supuesto nunca deja de parar en el bareto donde se hidrataba de chaval, que no era exactamente el bar de debajo de su casa, pero sería el bar de debajo de la casa de alguien.

El bar de debajo de casa es, más que nada, un concepto. Para empezar, da igual que esté o no debajo de la casa de uno. Es más, el bar de debajo de casa nunca está literalmente debajo, porque el que está justo debajo lo normal es que genere mucho ruido y malos humos. Por eso lo del bar de debajo de casa es un decir. Suele estar en el portal de al lado o, más bien, en la esquina, donde no molesta, pero da de beber. Lo más práctico es el que el bar de debajo de casa esté debajo de la casa de un pariente lejano, un primo tercero a mano izquierda o así.

El catálogo sentimental de los bares coruñeses daría para una enciclopedia, porque no es lo mismo -de hecho, no tiene nada que ver- el bar de debajo de casa que el bar de enfrente. El bar de debajo de casa es el bar con el que te casas. Un bar para toda la vida. Y el bar de enfrente es un bar amante. Sirve para un apuro, como comprar tabaco o pedir cambio, pero poco más.

Porque uno puede cambiar de trabajo, de ciudad y de peinado. Hasta de pareja. Incluso de equipo de fútbol. Pero lo que uno no puede cambiar nunca es el bar de debajo de casa. Antes de cometer semejante traición, es mucho mejor cambiar de casa e irte a vivir encima de tu local de cabecera.

Por Luís Pousa Coruñesas

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