Línea 11: cuarenta minutos de excursión a las rebajas

El único autobús que enlaza la ciudad con Marineda viaja abarrotado todas las tardes desde Navidad


a coruña / la voz

«Corre que aún cogemos los bajitos». Dos mujeres aceleran el paso en la explanada de Marineda. Son rebajas y los bajitos no son calcetines, sino asientos del 11 muy codiciados. Cuando suben al autobús los sitios ya están cogidos por un hombre y una mujer, con preferencia, además, según el icono que aparece al lado representando a una persona con bastón. Durante los 33 minutos siguientes -el tiempo que tarda el 11 en recorrer su ruta desde el centro comercial de la Grela hasta As Lagoas, en la otra punta de la ciudad-, los «bajitos» irán cambiando de ocupantes en una exhibición de diversidad funcional infinita. Mujeres con niños, niños solos, señores con bolsas, bolsas solas, pies, cajas de Ikea, hasta una pareja de mediana edad que consigue encajarse aprovechando que además de bajita la plaza es muy ancha.

Viaje de vuelta

Esto ocurre a las cinco y media de la tarde, una hora temprana para el auténtico abarrote del 11, que se forma de las ocho en adelante cuando los compradores vuelven a casa en la única línea de autobús que comunica el centro comercial con el resto de la ciudad, cruzándola. Sardiñeira, ronda de Outeiro, avenida de Arteixo, Pla y Cancela, plaza de Vigo, San Andrés, paseo marítimo... El 11 traza un camino más o menos lineal que obliga a los vecinos de los barrios alejados de este eje a caminar o hacer transbordo para completar el viaje. «Yo vivo en los Rosales y tengo que coger el 14 o el 12A», explica Montse, una empleada de una cadena de pizzerías que de vez en cuando tiene que trabajar en el restaurante de Marineda y es alérgica al centro comercial. Su visita de ayer fue una excepción. La de Isabel, una vecina de los Mallos, rutina pura. Al menos una vez a la semana sube al 11 para pasar un rato entre el bullicio de las tiendas. «Me relaja muchísimo. Cotilleo, miro, me siento en un banco, me parto de risa con la locura de la gente... A veces compro».

«Es una buena línea»

Encima del conductor un letrero informa de la capacidad del autobús, articulado como todos los de las líneas más frecuentadas: 43 sentados y 138 sentados y de pie. El lleno es habitual desde antes de Navidad, pero este servicio no se encuentra entre los peores. «No es mala. Salvo momentos puntuales en el centro, no es una línea que soporte mucho tráfico y tampoco va muy ajustada de tiempo», afirmaba Alfonso, el conductor, que ayer cubría la baja de un compañero. Ya iba de vuelta, holgado. A la ida, a mitad de recorrido, todos los asientos ya habían sido ocupados. En la primera estructura viajaba Sonia Fuentes, una muchacha de Cuntis que estudia Higiene Bucodental en el instituto Ánxel Casal de Monte Alto, vive en las Lagoas y usa el 11 para desplazarse prácticamente a cualquier punto de la ciudad. Ayer se acercó a Marineda para cambiar un regalo de Reyes y ya en la calle del Orzán pronosticó lleno al llegar a los Mallos. No se equivocaba. Como en las excursiones para comprar en Portugal, atrás viajaba un grupo animado de mujeres que acabó charlando sobre el tiempo que duraría el viaje, el recorrido y el propósito de cada cual. Una era Nipa, bangladesí afincada en O Temple, acompañada de dos familiares mayores. «Vamos a las rebajas, a mirar, a lo mejor compramos algo. La última vez que estuvimos en Marineda fue hace cuatro meses». En los asientos de delante, Andrea y Sandra, dos adolescentes con bolsas del grupo Inditex y solera entre los pasillos del centro comercial. «Una vez al mes solemos ir. Hoy vamos a cambiar y devolver regalos de Reyes», decía Andrea.

En el último tramo del recorrido, en el núcleo del polígono de la Grela, alguien llamó la atención sobre un edificio inmensamente vació que desfiló como un fantasma al otro lado del cristal. «Es Dolce Vita. Míralo. Antes el bus paraba delante».

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