El «Chickengate»


Richard Nixon tuvo su Watergate. Ronald Reagan tuvo su Irangate. Y en A Coruña ha estallado el Chickengate, que no es tan grave como el Watergate o el Irangate, pero da mucho lustre a la política local, porque si quieres llegar a algo en la política -como Nixon o Reagan- tienes que lucir en tu currículo un escándalo, o al menos una polémica, que acabe en gate. Aquí, como todo es muy doméstico y de bajar a tirar la basura en zapatillas, preferimos montar un pollo y bautizarlo así mismo: el Chickengate.

Alumbrado navideño de la Ciudad Vieja
Alumbrado navideño de la Ciudad Vieja

Lo del pollo municipal viene de las luces que adornan este año las rúas de la Ciudad Vieja. Si uno sube desde María Pita por la avenida y la plazuela de los Ángeles verá aparecer en el cielo botellas y copas de cava (yo creo que son de sidra, pero bueno), roscones de Reyes con aire de platillo volante, racimos de uvas de colores chillones y, sobre todo, unos pavos o pollos colorados que desfilan por Santo Domingo hasta la misma puerta de los Dominicos.

Se supone que este pollo municipal es un pavo, porque la tele habla mucho estos días navideños o prenavideños -yo ya no sé cuándo empieza la Navidad, me he perdido- de meter un pavo en el horno, pero si uno observa minuciosamente el adorno luminoso se da cuenta de que este bicho recién asado, con sus capuchitas de papel de aluminio en los muñones de las patas y todo, era el pollo asado que llevaba buscando toda la vida Carpanta.

Aquel Carpanta de Escobar vivía debajo de un puente, aunque era un puente bastante acogedor, porque era un puente sin río y con cortinas. Carpanta salía en todas las historietas a ver si lograba su objetivo del día: «mover el bigote», que era como se llamaba en la posguerra interminable al acto de comer, pero sin pegar golpe. Porque comer trabajando, sostenía Carpanta, «no tiene mérito».

Si Carpanta se apareciese hoy debajo de un puente en A Coruña probablemente lo primero que haría sería subir hasta la Ciudad Vieja para ver los pollos asados y eléctricos sobrevolando las losas y los tejados. Porque yo creo que todo esto del Chickengate en el fondo es un homenaje nostálgico y comiquero a Carpanta y su amigo Protasio, que soñaban con bocadillos, pollos y lentejas sin piedras. Si lo de colgar pollos o pavos rojos de los muros sagrados de la Ciudad Vieja no es un tributo a Carpanta, igual lo que pasa es que A Coruña ha convertido su casco histórico en una tragaperras gigante y alguien, en algún rincón del ayuntamiento, está dándole a la palanca a ver si consigue que le salgan tres pollos, tres racimos o, ya lo máximo, tres roscones de Reyes en línea, para ver si así la ciudad empieza a soltar monedas por las orejas.

Tal vez este sea el primer paso para que A Coruña sea una gran sala de juego flotante. De momento, con los roscones, uvas, copas y pollos del Chickengate ya tenemos unas luces mucho más horteras que Las Vegas.

Por Luís Pousa Coruñesas

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