O Rego dos Xudeus y Jerusalén

Para los sefarditas coruñeses el arroyo tenía valores simbólicos y religiosos


Los seres humanos recrean el espacio y lo ocupan de acuerdo con sus valores e ideas que cambian con la mentalidad vigente en cada época y en cada grupo religioso o social. A las afueras del núcleo histórico de A Coruña existía una pequeña cuenca fluvial formada por varias corrientes de agua procedentes de las alturas de Nelle, Outeiro y Vioño que confluían en un regato que desembocaba en la antigua playa de A Palloza: o Rego dos Xudeus. ¿Por qué lo llamaron así los coruñeses? No lo sabemos con certeza y sólo podemos aproximarnos por deducción.

Si desde dicha desembocadura continuamos por la línea de costa originaria de la bahía coruñesa, a unos quinientos metros hacia el este, después de pasar la desembocadura primitiva del río Monelos, había una isla peñascosa y mareal que se conocía con el nombre de Illa dos Xudeus o Pena dos Xudeus. En sus cercanías estaba el cementerio medieval de los judíos, posteriormente utilizado, desde el siglo XVI al XVIII, para enterrar a los protestantes ingleses y holandeses. Esta evidencia, confirmada por hallazgos arqueológicos, parece indicar que el Rego dos Xudeus se llamaba así porque estaba próximo a dicho cementerio judío. Sin embargo esta justificación no parece suficiente y hay que tener en cuenta que no es una cuestión específica de A Coruña.

En diferentes lugares de la península ibérica nos encontramos con topónimos hídricos semejantes: arroyo de los judíos o arroyo judío en Andalucía, Extremadura y Castilla; torrent dels jueus y riu jueu en Cataluña y Mallorca; río judeu y ribeiro do judeu en Portugal. También tenemos constatación de que muchas de las necrópolis judías peninsulares estaban, como la de A Coruña, emplazadas extramuros de la ciudad y próximas a una corriente de agua. En otros casos sabemos que se asentaban en las laderas de un monte, el monte o cerro de los judíos -Judimendi en Vitoria, Montjuïc en Girona y Barcelona, Monte dos Judeus en Oporto- y que para llegar a ellos había que pasar un torrente o río (Errekatxiki en Vitoria, Galligants en Girona, Tarongers en Barcelona, Frío en Oporto). Todo parece indicar, en mi opinión, que existe un patrón de comportamiento en los judíos sefarditas a la hora de situar sus necrópolis.

Para comprobarlo debemos viajar a Jerusalén. Allí, uno de los cementerios judíos más populares, desde la época del Segundo Templo, inaugurado en el 516 antes de Cristo, fue, y aún es, el Monte de los Olivos, separado de la ciudad por el valle de un torrente, el Cedrón. Además la tradición judaica dice que será en ese monte donde Dios iniciará el Día del Juicio final y la resurrección de los judíos. En su Diáspora, los sefarditas -y es una hipótesis personal- a la hora de enterrar a sus muertos buscaron recrear esa topografía funeraria y su simbolismo que les recordaba a su añorada tierra de Israel y la esperanza de su resurrección. Por eso y por otras razones religiosas colocaron sus cementerios después de pasar una corriente fluvial -el arroyo de los judíos- y en una zona de tierra virgen baldía o montuosa.

Continuará.

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