El quiosco de Puerta Real


Coincidí ya poco con López de Alba en la redacción local de La Voz. Yo llegué en el 2000 y él se fue en el 2001. No se fue de La Voz. Bueno, se fue de La Voz y de todos lados, porque se fue al otro mundo. Durante ese año escaso en que coincidimos, yo veía llegar cada tarde a López de Alba a escribir su columna La Franja, que Pinto & Chinto alumbraban con un pequeño dibujo, casi siempre un retrato de su personaje doña Gumersinda del Ventorrillo. Lo primero que hacía López de Alba al entrar en la redacción era vacilarnos un poco, porque él creía que una redacción tenía que ser un lugar ruidoso, en ebullición, lleno de humo y humor. Una redacción silenciosa no es una redacción, sino una oficina.

Kiosko de Puerta Real
Kiosko de Puerta Real

Luego escribía su pequeño artículo sobre las andanzas de doña Gumersinda, y nos dejaba un par de chistes y una anécdota para pasar la tarde, la noche, lo que fuese. En La Voz, si uno quiere contar una anécdota siempre hay que tirar del archivo de López de Alba, que tenía anécdotas para todo. López de Alba andaba por la redacción con los bolsillos llenos de anécdotas para desenfundar una cuando hiciera falta. Era un poco como aquel cajista de otros tiempos, que iba por el periódico con los bolsillos llenos de letras de plomo por si había que rellenar una palabra, una línea, una columna.

Siro recuerda el día que López de Alba entró en La Voz sin la dentadura postiza, a la que no acababa de amoldarse:

-¿E a dentadura?

-La tengo en el cajón de la mesa con un bocadillo para que se vaya acostumbrando.

Así se las gastaba López de Alba. Pero a mí me quedó grabada no una anécdota, sino una de sus leves ironías, una frase que repetía mucho cuando llegaba a la redacción con la sonrisa puesta sobre la perilla:

-Quedaban a guantazos en el quiosco de Puerta Real.

-¿A guantazos?

-Hombre, claro, se estaban pegando a sopapo limpio para comprar La Voz.

-¿Y eso?

-Porque todo el mundo quiere leer el artículo de hoy de Fulano. ¿No has leído aún el artículo de Fulano? Es tremendo. La gente se mata por leerlo antes que nadie.

Cada vez que bajo por Puerta Real me acuerdo de López de Alba y de los lectores dándose de bofetones. Y eso que en Puerta Real ya no hay quiosco (no digamos ya lectores). En realidad ya casi no quedan quioscos ni lectores. Pero hay personas, como López de Alba, y lugares, como el quiosco de Puerta Real, que se van pero se quedan. Se van, pero dejan una frase flotando en medio del vacío. Como aquel personaje que en los tebeos se quedaba colgando de la brocha cuando le quitaban la escalera.

Por luís pousa Coruñesas

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