Las peleas en las romerías

En 1905 hubo graves enfrentamientos entre los jóvenes de la periferia rural coruñesa en la fiesta de O Burgo


Todos los años, en la Galicia rural, en la época de las romerías sucedía lo mismo: altercados violentos entre mozos de aldeas o parroquias vecinas. La prensa de finales del siglo XIX y comienzos del XX reproducía en sus páginas lo acontecido, criticaba los hechos, equiparaba a los mozos pendencieros con los moros o los cafres, reflexionaba sobre la falta de cultura de la población rural y excitaba a las autoridades a terminar con esas peleas en nombre del progreso de la civilización. Imbuidos de una mentalidad burguesa y urbana, los periodistas, jueces y autoridades coetáneas a esa violencia apenas comprendieron las causas profundas de tal comportamiento, más allá de calificarlo como fruto de la naturaleza salvaje de ciertos hombres.

Fueron primero los antropólogos, como Lisón Tolosana o Fernández de la Rota, y después los historiadores, como Cabo Villaverde, quienes, a partir de la década de 1970, empezaron a poner en evidencia que tales enfrentamientos endémicos en la sociedad agraria gallega no eran fruto del mero azar y del vandalismo, sino que en ellos subyacían motivos relacionados con el reforzamiento de la solidaridad interna de los habitantes de una aldea frente a las amenazas de las demás, con litigios sobre el aprovechamiento de recursos escasos y limítrofes y con la competencia en un mercado matrimonial en el que la mujer debía proceder del entorno más próximo para así sumar las propiedades de ambos, facilitar su explotación y garantizar el sustento familiar. Por eso los protagonistas eran casi en exclusiva jóvenes solteros que, además de defender su identidad colectiva, buscaban adquirir y afirmar su prestigio personal ante sus vecinos y las mujeres.

Uno de los mejores lugares para estos enfrentamientos eran las romerías, pues a ellas acudían gran cantidad de gentes de todas las aldeas y parroquias vecinas, había abundancia de mujeres para bailar y el consumo de alcohol, vino y aguardiente, desinhibía los comportamientos. Dada la predisposición previa y las tensiones existentes, cualquier roce, mirada, comentario o grito desafiante podía originar una disputa entre individuos que podría derivar hacia una batalla campal. Puños, palos, navajas y pistolas salían a relucir, causando heridas más o menos graves o incluso provocando la muerte de alguno de los asistentes. Tras la refriega intervenía la Guardia Civil y la justicia que encontraban dificultades para delimitar las responsabilidades y castigar a los culpables dada la existencia de cierta tolerancia en la sociedad rural que no consideraba dicha violencia como desestabilizadora del orden establecido, sino que, según su visión vital, contribuía a mantenerlo.

El 14 de mayo de 1905 se celebraba en O Burgo la romería de la Virgen de los Desamparados. A ella acudieron jóvenes de la zona y de las aldeas vecinas de Monelos, A Silva, A Moura, A Pasaxe, Vilaboa, O Portádego... Había bailes y fiesta. Continuará.

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