«La casa de Bertín está bien sin más»

La de Alaska y Vaquerizo la ve «propia de ellos» y la de Osborne pasa el aprobado


a CORUÑA / La VOZ

Mujer de ideas claras, Belén Sueiro es una de las decoradoras más solicitadas del panorama actual. Ferrolana afincada en A Coruña, tiene un teléfono móvil que le suena setenta veces al día con la sintonía de Sexo en Nueva York como tono de llamada. «Quería algo que no me molestase. La serie me gustó mucho. Las películas que hicieron después, no tanto», comenta.

-¿Qué es decorar?

-Conseguir que un local sea cómodo, práctico y bonito.

-¿Por este orden?

-Sí. Es que tiene que ser cómodo, funcional y muy bonito. Decorar es mucho más que embellecer.

-Póngale nota a estas casas de famosos que salen por la tele:

La casa de Bertín Osborne.

-Bien. Sin más.

-La de Alaska y Mario Vaquerizo.

-Es una casa propia de ellos.

-La casa de Gran Hermano.

-No sabe, no contesta.

-¿Qué estancia de la casa define más a una persona?

-Probablemente, la entrada. El recibidor es lo que más te define. Tú no sueles pararte, pero por ahí pasa todo el mundo. Y otra cosa que define mucho es el aseo de invitados, el de cortesía.

-Quien se lo pueda permitir, oiga, que no somos Isabel Preysler.

-Yo me refiero al baño que indicas a tus invitados. Que si vienen tus padres, tus amigas o tus hermanas van a ese. Ese baño define mucho a una persona.

-¿Por qué?

-Es el único sitio donde va a estar un invitado tuyo solo y fisgándolo todo.

-Ja, ja... Lo tendré en cuenta. Su estancia favorita de la casa es...

-El salón, porque es donde más tiempo estoy. Soy poco cocinillas.

-Cortinas, ¿sí o no? Nuestras madres le ponían cortinas a todo, pero parece como si ahora las nuevas generaciones nos hubiéramos tomado la revancha.

-Cortinas hay que poner.

-¿Por qué?

-Para vestir la ventana. No se trata de poner los cortinones que ponían nuestras madres con el bandó y todo eso. Pero cortinas hay que poner. No tiene duda. Las ventanas sin cortinas son como nosotros sin vestir. Es una habitación desnuda.

-Espero que esto no lo lea mi madre. ¿La casa de quién le gustaría decorar?

-La que voy a empezar ahora me apetece mucho, porque es diferente. Es un palacete en Sevilla para unos chicos que son de Londres.

-¿Qué hace cuando el marido se niega poner la decoración que sugiere la mujer? ¿Hay mucha tensión en los proyectos que hace para viviendas?

-Todas las obras pasan por diferentes etapas. Al principio, estás muy ilusionado, pero luego empiezan a surgir algunos problemillas y la situación se tensa. O también pasa eso, que ella o él piense en una cosa y, el otro, en la contraria. Si hay crispación, trato de templar los ánimos.

-O sea, que le toca hacer de mediadora, al final.

-Sí, pero es normal que los clientes se acaben tensando un poco. Es su casa. Es su vida.

-¿Y si uno le dice al otro «¡Por encima de mi cadáver pondría yo ese papel pintado!»?

-¿Sabe que le digo? Que, al final, siempre se llega a un consenso.

-Pues escoja A o B:

A) Una casa mal diseñada de estructura, pero decorada fantásticamente.

B) Un proyecto arquitectónico de premio, pero con una decoración penosa.

-Más arreglo siempre tiene el tener un contenedor fantástico. El éxito, ahí, casi está asegurado. Si el envolvente es horroroso, vas a tener que romperte los cuernos para que te quede bien.

-El otro día tuiteó usted: «Que no os dé miedo reformar un piso antiguo. El resultado es espectacular». ¿La tendencia es la rehabilitación o ya hay quien se lanza a comprar obra nueva?

-Hay poca obra nueva, así que la gente ha aprendido a reformar lo que tiene o a comprar cosas reformables. Cuando rehabilitas, más allá del mejor precio, haces un traje a tu medida. Del otro modo, tienes un piso inamovible. Al estar nuevo, no vas a tirar tabiques ni cambiar los baños.

«Los clientes te lo confían todo. Para ellos soy como un cura: ver, oír y callar»

Belén Sueiro lleva más de veinticinco años decorando hoteles, locales comerciales, oficinas, restaurantes, cafeterías y viviendas. Prefiere no dar nombres pero, entre sus clientes, se cuentan empresarios, políticos y futbolistas.

-Es curiosa su profesión. Cada cierto tiempo, se ve inmersa en las vidas de un grupo de gente distinto, con el que pasa muchas horas durante días.

-Sí, los clientes te lo confían absolutamente todo. Sé cómo viven, si se llevan bien, si se llevan mal... Conozco sus vidas, sus familias. Yo para ellos soy como un cura: ver, oír y callar.

-Si no fuera decoradora, ¿qué le gustaría haber sido?

-Siempre he querido ser decoradora. No recuerdo haber querido ser otra cosa nunca.

-¿Se nace decorador o ya nada?

-En esta profesión no existe eso de ser autodidacta. Hay que estudiar exactamente igual que para el resto de las profesiones. Pensamos que esto es como el fútbol, que todo el mundo entiende del tema y no es así. Parece como si todos llevasen un decorador dentro; tienes que tener unas aptitudes, pero también unos conocimientos importantes, porque vas a hacer instalaciones, revestimientos, planos... De todo.

-¿Qué decoración le pondría a un desayuno para que sea perfecto?

-Me gusta mucho ese momento del día. De hecho, me levanto un poco antes para desayunar con calma. En verano, lo ideal es en el porche. Sino, en el office. -¿Solo con ver a una persona, usted ya sabe cómo tiene decorada la casa?

-¡Sí! Porque ya ves a qué cosas le da importancia y a cuáles no.

-Además de su éxito en el Intergift [fue elegida para decorar el estand de la organización], acaba de renovar el Derby de Ferrol.

-Me hizo mucha ilusión que me llamasen para rehacerlo porque fui mucho con mis padres. Se mantuvo la esencia del Derby.

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