Vecinos y comerciantes del Agra del Orzán patrullan las calles para frenar los robos

«Nuestra labor es la misma que la de los serenos, vemos algo y llamamos al 091»


a coruña / la voz

Los que viven y los que trabajan en el Agra del Orzán se han echado a la calle para proteger sus hogares y negocios. Porque dicen estar cansados de «tanto robo en la zona» y porque «el número de policías es el que es y nos hemos visto obligados a tomar una decisión tan drástica». La Voz fue testigo esta noche de cómo patrullan por un barrio muy castigado por los robos. ¿Son valientes? «Nos arriesgamos para luchar por nuestros intereses, nuestros negocios, nuestras casas y nuestro futuro», sentencian.

Cuando cae la noche, entre diez y quince personas se citan en un punto del Agra, uno de los barrios más azotados por la delincuencia. Ahí forman grupos de entre dos y tres vigilantes, dividiéndose el barrio en distritos.

¿Qué hacen cuando ven un acto delictivo? Llaman a la policía. Nada más. Evitan el enfrentamiento con el ratero. Si observan que alguien está en actitud sospechosa mirando al interior de un comercio o intentando entrar en un portal, se avisan entre ellos y marcan el 091. «La verdad es que cuando llamamos por algo raro que vemos la respuesta policial es rapidísima. A veces llegan en menos de un minuto», cuenta uno de los integrantes de esta patrulla ciudadana que ya lleva tiempo organizada, repartiéndose la noche en turnos.

Su trabajo es «como el del antiguo sereno», precisa otro de los vigilantes nocturnos. Pero salir a la calle a pecho descubierto y apenas con la ayuda de un teléfono móvil no es lo único que hacen estos vecinos y comerciantes. También realizan una labor reivindicativa, pues en breve se reunirán con el alcalde para exigirle algunas medidas, como la de una mejor sincronización del alumbrado público. «Que el comercial que abra a las siete de la mañana tenga la misma luz que el que lo hace a las cinco», explican.

No tratan de sustituir a la policía ni criticar con este gesto el «escaso» número de agentes que patrullan el barrio. Están resignados. Lo que pretenden es evitar robos y colaborar con la policía en la medida de sus posibilidades.

Quienes todavía no han llegado a tanto son los integrantes de la Federación Unión Coruñesa de Comercio (FUCC). De momento, lo que han ideado es una aplicación de móvil que los mantiene a todos en contacto para avisarse de cualquier elemento sospechoso.

Su presidenta, Mariló Fernández, lo explica así. «Somos ochenta personas las que formamos el grupo». Cualquier cosa la comparten: «Un tipo con camisa verde anda mirando escaparates en actitud sospechosa, cuidado con un rubio que anda por los Mallos, robaron en tal tienda...»

Mariló Fernández también destaca que los delincuentes de hoy en día están mucho mejor organizados. Antes de robar, reciben información. Tienen chivatos en muchos barrios, cuenta. Utilizan a los mendigos que piden por la calle. Miran en el interior de los establecimientos y se van.

El delegado del Gobierno señala que hay un dispositivo policial especial

El delegado del Gobierno en Galicia, Santiago Villanueva, admitió ayer un repunte de los robos en establecimientos comerciales de la ciudad de A Coruña. Villanueva destacó, sin embargo, que se había detectado un descenso en los robos en viviendas, y lo contrastó con la oleada de asaltos registrada en los primeros meses del año en domicilios de la ciudad y del área metropolitana.

El delegado del Gobierno explicó que ante ese repunte, la Policía Nacional estableció una serie de mecanismos para tratar de evitar que continúe ese tipo de acciones delictivas. Aseguró que los agentes están realizando trabajos intensos para conseguir localizar a los autores de esos robos y proceder a su detención. En este sentido, Villanueva indicó que en las últimas horas fueron arrestadas dos personas en relación con estos robos en la zona de Monte Alto. Señaló que en la actualidad la Policía Nacional estableció un dispositivo especial en la ciudad para frenar ese tipo de robos, tanto con carácter preventivo como investigador para tratar de dar con los asaltantes.

El delegado fue preguntado por si había algún indicio que pudiese apuntar a que una banda fuese la autora de esos robos, pero Villanueva precisó que de momento no se tiene constancia de eso. Insistió en que el dispositivo de seguridad y vigilancia se ha reforzado y apuntó que en los casos de los robos en los establecimientos comerciales fueron más importantes los daños causados por los ladrones al forzar las cerraduras que las cantidades robadas.

Villanueva confió en que el procedimiento especial puesto en marcha por la Policía Nacional permita detener a los autores cuanto antes.

Entran en una farmacia de la Sagrada y hacen un butrón en una gestoría de la Rúa Nueva

Los robos no cesan y durante la noche del jueves al viernes los ladrones entraron en dos establecimientos. El primero de ellos, una farmacia de Cardenal Cisneros, en la Sagrada Familia. Sobre las cuatro de la madrugada alguien hizo un agujero en el cristal de seguridad (1,2 centímetros de grosor) para luego colarse en el negocio. Un agujero, por cierto, muy pequeño, de ahí que no se descarte la utilización de un menor para acceder al interior. Ya dentro, se hizo con el cajetín de las monedas y huyó. Un vecino pudo ver a un joven correr con el botín. De hecho, observó como se le caían algunas monedas.

También esa noche los ladrones accedieron a una gestoría de Rúa Nueva con la calle Real. Para ello hicieron un butrón en un local aledaño, desde donde pasaron al negocio, del que se llevaron entre dos y tres mil euros en metálico.

Y ayer por la mañana se registró otro robo, este en el interior de un coche aparcado en la avenida del Ejército. Su propietario lo dejó a las siete de la mañana, junto a la verja del puerto, y se marchó a trabajar. Al mediodía se dio cuenta de que se había dejado dos móviles en el interior y volvió a buscarlos. Pero se encontró con la ventanilla del acompañante rota y con que los teléfonos habían desaparecido; uno de ellos, un iPhone de última generación. Le robaron también un iPod. «Tuvieron que ir mirando los coches -afirma el afectado-, porque los teléfonos, que quedaron entre los dos asientos, no se veían si no ponías las manos en la ventanilla». Presentó denuncia para intentar recuperar sus móviles, «uno personal y otro del trabajo».

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