«Es posible que se descubran nuevos murales ocultos de Urbano Lugrís»

Está detrás de la restauración y traslado del mural del número 72 de la calle Real


A Coruña / La Voz

Este verano por fin abandonaba su ubicación original el mural de Urbano Lugrís que durante años estuvo deteriorándose en una bajo de la calle Real. Lo hacía de la mano de Abanca con la intención de encontrar un mejor destino y de someterse a un minucioso proceso de restauración tras el que está la empresa de Francisco Muiños, Arteca.

-¿Qué trabajos le han realizado ya al mural?

-Le hicimos todo tipo de análisis desde el punto de vista químico, de pigmentos, tipología de pintura, materiales utilizados por Lugrís... Y el estudio del estado estructural del muro que lo sustenta, además de una videoscopia por la parte de atrás con la que descubrimos una cámara de aire. Hicimos un estudio exhaustivo de su conservación.

-¿Y cómo lo encontraron?

-Pues a nivel estructural, francamente mal, sobre todo en la parte derecha, en la que tiene unas fisuras importantes de alrededor de cinco milímetros y una barriga, un bulto que hacía que el mural estuviese muy endeble. Cuando se hicieron obras en el local en el que estaba, el escombro cayó en la parte trasera, se apoyó en una tubería y se fue compactando y empujando el muro provocando esa barriga. Además, muchas de las llaves que sujetaban el mural al muro trasero habían perdido su función, de modo que a nada que te apoyaras el mural cedía.

-¿Y desde un punto de vista artístico?

-La conservación de la policromía tampoco era buena. Estaba muy sucio, porque allí se arrojó de todo, café, chocolate... Incluso se apagaron cigarrillos sobre el mural y se agujereó con la punta de un bolígrafo. Debido a la humedad, por las pérdidas de agua que hubo en su momento, la pintura estaba levantada en algunas zonas, con el riesgo de desprendimiento que eso acarrea.

-¿Cómo está en estos momentos?

-Pues en posición horizontal y boca abajo. Estamos redactando el proyecto para su reubicación en la oficina principal de Abanca, pero en la entrada que tiene por la calle Olmos, frente al antiguo Fornos, que es la Capilla Sixtina de Lugrís. Con esto conseguimos dos cosas, la primera no cambiarlo de ubicación geográfica. Está a 50 metros de su situación principal y sigue estando en Pescadería. Y, por otro lado, conseguimos que tenga la misma orientación. Si lo vemos de izquierda a derecha tenemos la torre de Hércules, que apunta al norte, y en el otro extremo la zona de Oza. En su nuevo emplazamiento la Torre seguirá apuntando a la Torre. Allí, además, podrá estar acompañado por otras obras de Lugrís que tiene Abanca, y será visitable incluso fuera de las horas de apertura de la oficina.

-El traslado era fundamental.

-No tenía sentido abordar una restauración en condiciones si la obra iba a permanecer en el mismo sitio y sin garantía de con qué se iba a ocupar ese local. Las medidas de control eran nulas. La humedad, el polvo, el humo del tabaco cuando se podía fumar... Todo eso contribuyó a su mal estado de conservación. Pero Abanca propuso sacarlo de ahí y llevar el mural a otra ubicación en que pueda musealizarse, ser visible para todo el público, pero con unas condiciones de conservación y control óptimas.

-¿Cómo extrajeron el mural?

-Se arrancó con una técnica llamada staco a massello, lo que significa que arrancas el muro entero. Sacar solo la capa pictórica era muy arriesgado dado el estado y el tamaño del mural, con 9,10 por 2,45 metros. Así que se cortó en siete secciones de distinto tamaño para su traslado.

-¿Cuándo podremos disfrutar del resultado?

-Si todo marcha como debe, podríamos apostar a que a final de año pudiera estar todo listo. Pero dependemos del proceso de licencias y permisos, que ya no está en nuestras manos.

-¿Cree que puedan aparecer otras obras olvidadas de Lugrís por la zona?

-Es muy posible que aparezcan nuevos murales en estas calles que tanto pateó el pintor. Tanto como que hayan desaparecido muchos de ellos. Eso obedece a que Lugrís pintaba a cambio de lo que necesitaba para subsistir, como hizo también Laxeiro.

«Tenemos la obligación de que A Coruña se convierta en ciudad picassiana»

Arteca se ocupa también de la gestión de la Casa Museo de Pablo Picasso, un proyecto en el que Francisco Muiños se ha implicado incluso emocionalmente.

-Llevan casi un año al frente de la casa Picasso.

-Y tenemos varios proyectos que ya se han propuesto al Ayuntamiento y que han tenido una buena recepción. En nuestras pesquisas hemos dado con dos fondos importantes que podrían dotar de contenido este espacio. Y otro objetivo es crear un centro de estudios picassianos, aprovechando lo desconocido que es todavía su período coruñés y el interés que está suscitando a nivel internacional, gracias en buena parte a las investigaciones realizadas por Rubén Ventureira.

-En este año presentaron dos obras inéditas del pintor.

-Y se pueden conseguir más. Estamos detrás de una obra de la que, por el momento, entenderás que no pueda adelantarte demasiado. Se trata de una pieza excepcional que tiene detrás una historia increíble, con un elemento tan brutal y afectivo como pudo ser la muerte de su hermana. El problema es que estamos compitiendo con museos internacionales muy importantes, con muchos más medios que nosotros. Por eso estoy apelando a la dimensión afectiva. Pero no puedo contar más.

-Queda mucho que sacarle a los años coruñeses de Picasso.

-Sería de necios no apostar por la figura de Picasso. Tenemos, no el derecho, sino la obligación histórica de que esta ciudad se convierta en una ciudad picassiana con el mismo rango que Málaga o Barcelona. Pero esto habría que trasladarlo de alguna manera a la ciudadanía, porque te sorprendería comprobar la cantidad de coruñeses no saben dónde queda la casa de Picasso.

Coordinador de proyectos de Arteca

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