El águila vencerá a la serpiente

El monumento a Concepción Arenal en Méndez Núñez cumple cien años


Innovador y severo. Una gran águila con las alas abiertas preside la escena. Es de hierro pintado de negro. Tiene una garra apoyada sobre un libro abierto y con la otra sujeta el cuerpo de una serpiente a la que amenaza y ataca con su pico. Símbolo de la virtud y del espíritu con el que se enfrenta para vencer al mal y al sufrimiento. Unos metros más atrás, entre dos elevados pináculos de granito, hay un medallón con el rostro de perfil de una mujer. Si nos situamos frente al águila, la vemos asomar sobre su espalda y entre los arcos formados por sus alas. La alegoría está clara. Es el monumento dedicado a Concepción Arenal emplazado en los jardines de Méndez Núñez.

Fue su autor el arquitecto coruñés Rafael González Villar y rompía con la tradicional solución de estatua con pedestal. Para él un monumento, por sus proporciones y composición, debía producir un sentimiento; por eso lo concibió como un conjunto arquitectónico en el que la fuerza expresiva está en los volúmenes, en los juegos de luces y sombras y en unos elementos escultóricos simbólicos con los que pretendía resaltar los valores asociados a Concepción Arenal: la ilustre gallega que hizo de su vida (1820-1893) una lucha sin tregua defendiendo con sus libros y sus acciones los derechos de la mujer y de los más desfavorecidos, pobres y presos, sometidos en una sociedad injusta.

La idea de dedicarle un monumento fue del abogado Manuel Casás Fernández, entonces presidente del Círculo de Artesanos. En 1914, durante la celebración en la ciudad del Segundo Congreso Penitenciario español, propuso colocar ya la primera piedra. El acto se realizó el 9 de agosto asistiendo autoridades y congresistas; bendijo la piedra el arzobispo de Tarragona y echó una palada de argamasa el marqués de Figueroa, presidente del citado Congreso. En los meses siguientes, mediante suscripción popular y donativos de instituciones y sociedades se consiguieron los fondos para sufragar la construcción.

Las obras se iniciaron en junio de 1916, pero se vieron paralizadas por una huelga del ferrocarril que afectó al transporte de la piedra. La intención de Manuel Casás, entonces ya alcalde de A Coruña, era inaugurar con la presencia del expresidente del consejo de ministros, nacido en A Coruña, Eduardo Dato. El acto se fijó para el 17 de septiembre, aunque el monumento no estaba terminado. Ese día la comitiva partió en procesión cívica desde la plaza de María Pita hacia los jardines. Una vez allí Dato y el capitán general, que actuaba en nombre del rey Alfonso XIII, descorrieron la cortina que cubría el medallón con la efigie. Tras los discursos, se descubrió la placa con la inscripción: «Los presos de España a su defensora», que había sido costeada por ellos. Todo muy del gusto de los poderes establecidos que poco caso hicieron en vida a Concepción Arenal. El 14 de octubre quedaría terminado.

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