Ahorcado «por robador corsario»

En el año 1509 la justicia coruñesa condenó a muerte al vizcaíno Antón de Garay por saquear barcos


Un mar de oportunidades. Entre el cabo Fisterra y el Prior pasaban cada vez mayor número de barcos con mercancías. En algunos casos recalaban en los puertos de Galicia, en otros continuaban su ruta hacia el norte o el sur de Europa. La travesía era peligrosa. Las fuerzas de la naturaleza desatada podían hacer zozobrar las embarcaciones y los recodos de la costa podían servir de apostadero oculto para naves de ladrones y corsarios.

Pero en tiempos de paz, las Ordenanzas Reales de Castilla, recopiladas en 1484, garantizaban a todos los comerciantes y navíos que viniesen de otras tierras que no serían prendidos ni ellos ni sus bienes. Además podían reclamar auxilio y reparación, en caso de robos y represalias, ante las autoridades que amenazaban con castigos ejemplares a quienes contraviniesen dichas ordenanzas. Todo para garantizar la seguridad y los crecientes beneficios económicos derivados del comercio marítimo.

Antón de Garay lo sabía. Delgado y de buen cuerpo, según los testigos de la época, llevaba una toca de tafetán en la cabeza y un puñal barcelonés atrás, en el cinto. Vecino de Santa María de Gorliz, en la villa de Placencia (hoy Plentzia), a 25 kilómetros de Bilbao, estaba casado y era maestre de navío y mercader, siendo su verdadero nombre Antón de Gamínez. Su pariente Pedro Sánchez de Atxuri había comprado un navío, de unos veinte y cinco toneles de capacidad, y lo había comisionado y enviado como capitán para traer géneros de Galicia y Andalucía. En febrero de 1509 llegó al puerto de A Coruña y aquí torció su destino: decidió aprovechar las oportunidades por la fuerza y dedicarse a «andar por la cuesta de la mar robando».

Rumbo errado

Previamente fue al puerto de Cedeira donde tomó como tripulación a «gente de mal vivir y no marineros» y transformó su nave, La Trinidad, colocando borlingas (hiladas de tablas de quita y pon sobre la borda), ventanas postizas, remos para remar adelante y atrás, y relámpagos para trabar las naos; después en Ribadeo se armó con lombardas, dardos, lanzas y pelotas de piedra.

Empezó sus correrías en marzo, siendo la primera de sus presas un barco bretón anclado en Muxía que saqueó, después abordó otros navíos en la mar entre Fisterra y Prior. Había paz con Francia e Inglaterra y los bretones lo denunciaron ante el corregidor de A Coruña. Reconocidos los hechos, fue detenido y juzgado.

Preso en la antigua cárcel coruñesa del Parrote, el 31 de octubre de 1509, Antón de Garay escuchó su sentencia. La justicia lo condenaba a ser sacado de la prisión en una bestia de albarda, con una soga de esparto en la garganta, con las manos atadas y con un pregonero anunciando al público su castigo hasta llegar al lugar de la horca y que «allí sea colgado por la dicha soga e le tiren por los pies fasta que muera» Su delito: «Por robador corsario de la mar».

No le admitieron la apelación y la sentencia se ejecutó. Los hechos los conocemos gracias al historiador Francisco Tettamancy que en 1900 publicó parte de la causa judicial conservada en el Archivo de Simancas.

Historias con Historia

Empezó sus correrías en Muxía, donde abordó a varios navíos entre Fisterra y Prior

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