Orcos, gatos, caracoles y otras especies urbanas


Asombra el protagonismo que varias especies animales -reales o ficticias- han adquirido últimamente en A Coruña: el lío de los orcos en María Pita, la irrupción de los gatos callejeros en el pleno del Ayuntamiento -castración sí, castración no- y, por fin, la orden de suspensión de la carrera de caracoles en el Día de la Ciencia en la Calle, fiesta que hoy, como cada año, congrega a cientos de críos en Santa Margarita.

Parece que alguien en el palacio municipal tomó esta decisión en el intento de evitar «que se estresen» los moluscos. Bueno, esto tranquiliza mucho. Sí, porque una vez digerida la noticia de que A Coruña es la única ciudad gallega en la que subió el paro en abril, con más de 20.000 desempleados que conviven a diario con la angustia y la ansiedad, reconforta saber que al menos nuestros caracoliños evitarán este año estresarse en las carreras. ¡Vaya si alivia!

Pero es que en la gran fiesta de la ciencia que se celebra hoy habrá una segunda medida protectora que también reconcilia con la existencia, aunque implique la supresión de otra atracción estelar: la botella de agua que sale disparada hacia el cielo cuando se bombea en su interior aire a presión. Este juego hacía las delicias de los pequeños, pero se ha eliminado para no estresar a los pájaros en las copas de los árboles.

Dicho esto, y una vez disipada la angustia de aves y gasterópodos, somos muchos los que nos preguntamos por el equilibrio psíquico de otros inquilinos del lugar. Por ejemplo, ¿qué pasa con el estrés de los topos? ¿Por qué los caracoles sí, los estorninos también y, en cambio, los topos no? Y aquí hay que decir sin rodeos que todos los que amamos a los mamíferos insectívoros nos sentimos agraviados.

El parque estará lleno de niños que harán temblar la tierra con sus brincos y esparcirán a gritos sus decibelios. Y sabemos que el pobre topo es un animal casi ciego, pero ¿acaso hay documentado algo definitivo sobre su sordera? Abajo, en la soledad del subsuelo, pasará el día acongojado pensando que se le derrumban las galerías. Y eso... marca mucho, deja secuelas.

El derecho consuetudinario avala al bichiño ancestral, que poco menos debe de llevar en el parque que caracoles y urracas, así que desde aquí apunto la conveniencia de que los escolares que participen en esta fiesta el año que viene tengan a bien llevarse las zapatillas de casa para amortiguar sus pisadas durante los juegos. Un asunto que, en justa paridad con gatos y orcos, bien podría tener cabida en el debate municipal. Ah, ¿y qué me dicen de las hormigas y de las lombrices? ¡Animaliños!

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