El deterioro de la Ciudad Vieja hace honor a su nombre

Firmes imposibles, áreas desatendidas y grafitis son una constante a lo largo de toda la zona, punto turístico de referencia


a coruña / la voz

Pintadas, empedrados rotos, hojas secas y mucho óxido. Ese es el balance de un paseo por una Ciudad Vieja que hace más honor que nunca a su nombre. Pero más que los años, lo que le pesa a la zona noble de la ciudad es, sin duda alguna, la falta de mantenimiento. Para caminar por la calle Cortaduría hay que tener ciertas dotes de equilibrismo. Eso, y llevar los ojos muy abiertos. Porque como uno deje de prestar un poco de atención, el aterrizaje forzoso está asegurado en un empedrado con baches en los que bien caben los dos pies.

Si el firme es como un escaléxtric, lo que se encuentra al levantar la vista tampoco es mejor. Paredes, puertas y señales pintadas se intercalan con humedades y zonas verdes que piden agua a gritos. Afortunadamente, la calle Santo Domingo ha quedado mucho mejor tras sus últimos trabajos de mejora, al igual que Tinajas y San Carlos. Y es que de lo contrario, los usuarios de la residencia de mayores La Ciudad tendrían muy difícil caminar. Sobra decir que la accesibilidad en la zona para las personas con movilidad reducida es ínfima.

Volviendo a Cortaduría, el deterioro y los grafitis se extienden hasta la plazuela invadiendo incluso el edificio de Acopros (Asociación Coruñesa de Promoción del Sordo). El mobiliario urbano está igualmente descuidado, al igual que las zonas ajardinadas. Una tendencia que se aprecia también en las Bárbaras e incluso en la plaza de Azcárraga, que muestra hasta alguna que otra hoja de palmera caída sin recoger. La señalética allí, al igual que en el resto de puntos de interés de la Ciudad Vieja, suplica un buen limpiado.

 

Dejadez en San Carlos

Pero si hay algo que impacta es el estado de los Jardines de San Carlos, uno de los escaparates de la ciudad. Un punto turístico donde los haya que acoge recorridos de visitantes, cruceristas e incluso rutas guiadas. Cuesta trabajo verlo deteriorado, sobre todo para quienes lo conocieron en su máximo esplendor. La misma reja de entrada advierte, con matojos que sobresalen entre sus barrotes junto a la placa de piedra de los jardines. Una vez dentro, la cosa no mejora.

Las pintadas invaden muchos edificios en la zona.
Las pintadas invaden muchos edificios en la zona.

El óxido se adueñó de cada verja, adorno y papelera. El césped brilla por su ausencia en varios tramos del jardín, que presenta algunas flores secas y un aspecto decadente. Hasta el mismo indicador de los servicios da una idea del descuido general, con un cartel pintado con las letras «W. C.». El mirador tampoco se queda atrás. Está tan sucio que sus cristales están escritos de lado a lado, recordando que hace demasiado tiempo que nadie les limpia el polvo. La humedad también se adueñó de él, sumiéndolo aún más en el olvido. En el corazón del jardín, la tumba de sir John Moore solo está velada por los restos de una corona absolutamente seca.

 

La plaza de Azcárraga necesita mantenimiento.
La plaza de Azcárraga necesita mantenimiento.
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